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Cómo ser un turista sin parecerlo

Dos sevillanos relatan su experiencia como usuarios de una fórmula de viajar que permite ahorrar y ampliar horizontes

el 25 ago 2013 / 23:37 h.

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Las formas de viajar están cambiando. Al margen de las limitaciones que impone la crisis, cada vez son más quienes buscan otra manera de hacer turismo, desmarcándose de lo que dictaminan, a modo de biblia, las guías de viaje, y por encima de todo repudiando el cliché de turista para transformarlo en el de un ciudadano más del lugar que se visita. 15180442 Una vía para conseguir esa libertad que no da un hotel o un apartamento es el intercambio de casas. Antonio y Ana, junto a sus hijas de 6 y 8 años, colaboran para este reportaje desde Gales y Escocia. Es el undécimo viaje que emprende esta familia sevillana de Los Remedios gracias a esta fórmula que les ha permitido conocer y profundizar en ciudades como San Sebastián, Copenhague, Lisboa, Madrid, Dijon, Munich, Montreal y Nueva York. “De esta manera podemos viajar más relajadamente, estar más días y saborear mejor lo que cada zona puede ofrecernos. Es más fácil aprender distintas culturas desde dentro”, explican. Pero eso no es lo mejor. Lo es que “no te permite conocer sólo las atracciones turísticas, sino cómo viven ellos”. Y es que una de las claves más interesantes para los usuarios, además del ahorro económico, es el valor añadido que ofrece el propietario, puesto que junto a la posibilidad de intercambiar el coche o hasta cuidar de la mascota, éste deja sus recomendaciones sobre qué no perderse, dónde comer, dónde comprar, qué hacer... especialmente en aquellos puntos que una guía de viaje no alcanza y que conforman esos pequeños detalles que hacen que un viaje a una misma ciudad sea completamente diferente al anterior. Desde 2009 son socios de www.intercambiocasas.com, iniciativa que conocieron “a través de una película que se llama Holidays”. Y ya no piensan en otra forma de viajar. “Vivir en una casa real, con sus enseres, te permite entrar con más fluidez en la experiencia de cómo se vive en otra ciudad”. Así lo constata Benito Sánchez-Montañés, 48 años, soltero y uno de los socios más veteranos, hasta el punto de que se suscribió a la versión inglesa de la web. Con una década de experiencias en la mochila, acumula más de 30 intercambios –Copenhague, París, Londres, Barcelona, Japón, Canadá...– y apenas una que no resultó como esperaba. “La casa a la que iba en Japón no estaba disponible y el dueño me llevó a otra que no estaba en condiciones. Me fui a un hotel, pero a él debió darle tanta vergüenza que no me pidió venir a Sevilla”, apostilla. 15180443 La flexibilidad es otro de los beneficios. “Pueden ser intercambios simultáneos y dejar a una tercera persona que los reciba, o uno de los dos espera a que lleguen los otros y luego se marcha, o incluso, como me ocurrió en una ocasión, a mi intercambio le surgió un problema de trabajo y no podía viajar. Como tenía una casa grande me ofreció compartirla y resultó una grata experiencia”. Además, así es posible aprovechar un puente o un fin de semana y prolongar las estancias. “No sólo vas a conocer las ciudades, sino a disfrutarlas, como ir a París en otoño por el placer de hacerlo”. Lejos de sentir temor por abrir su casa a extraños, que es el principal recelo que puede generar, subyace otra filosofía: “El espíritu es que vas invitado y que tú invitas. No son inquilinos, sino invitados”. “Alguien me dijo una vez que no podría volver a dormir en su cama sabiendo que otros habían dormido en sus sábanas y yo le contesté: ¿No tienes lavadora? ¿Cuando vas a un hotel, crees que estrenas las sábanas?” ¿Y a la vuelta? ¿Cómo estaba la casa? “Siempre me la han dejado estupenda. Lo peor que me ha pasado es que me rompieron un azucarero y me compraron otro, pero era muy feo”, señala Sánchez Montañés. Todo perfecto, abunda Antonio Belmonte, que aclara que “todo el que esté dispuesto a hacer un intercambio debe confiar en la buena fe de las personas y que su casa la van a cuidar como él cuide la de la otra familia. Esa regla no falla”. Él ofrece un piso de cuatro dormitorios con garaje y la posibilidad de intercambiar coche. “Quienes quieren venir a Sevilla buscan su patrimonio histórico y varias familias nos han pedido información sobre espectáculos de flamenco”. Aunque reciben ofertas de todo el mundo, destacan Francia y EE. UU. Benito hace lo propio con un apartamento cerca de la Alameda y coincide en que Sevilla es una ciudad muy demanda por el turismo cultural. OFERTA SEVILLANA. Hay varias webs que se dedican al intercambio. Antonio y Benito son socios de www.intercambiocasas.com, que cuenta con versión en castellano desde 2006 y con 108 casas sevillanas inscritas. Son 594 en Andalucía y 2.700 en España. El ritmo de crecimiento ha sido del 15% anual. CÓMO FUNCIONA. La web pone a disposición 46.000 ofertas en 153 países. Mediante el pago de una cuota anual de 95,40 euros o de 35,85 por tres meses, los socios se registran y realizan la búsqueda de destino, mandando propuestas de cambio para las casas que les interesan. El siguiente paso es contactar y cuadrar las fechas para el viaje y todos los detalles. Cuatro de cada cinco miembros ha realizado al menos dos intercambios durante su inscripción.

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