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Cómo solucionan en Huelva lo de las abejas

Espacio Santa Clara, 11 de septiembre de 2012. Cante: Rocío Márquez. Guitarra: Manolo Herrera. Entrada: Aforo completo.

el 12 sep 2012 / 10:14 h.

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Ahora que las abejas andan locas por culpa de los teléfonos móviles y, según dicen, la producción de miel ha descendido hasta niveles alarmantes, nos llega desde Huelva una solución al problema: ¿Qué hizo ayer Rocío Márquez sino segregar miel en abundancia, dorada y alimenticia para el alma?

A esta joven artista se la ha comparado insistentemente con Arcángel, por la afinidad geográfica y por la voz meliflua, la buena vocalización y el regusto clásico de su cante. Ayer quedó patente, además, algo que no se evidencia tanto en su disco: la semejanza de sus agudos con los de Estrella Morente. Aunque diferentes en el fondo, ambas responden a un estilo de cantaora que agrada el oído de quienes no suelen oír flamenco, pero están dotadas de una autenticidad que también complace a los aficionados. Les asiste por igual la suavidad de la canción española y la verdad doliente y oscura de lo jondo. Arropada por un sobrio y elegante Manolo Herrera, uno de esos cada vez más raros guitarristas que se abstienen de disputarle protagonismo al cantaor al que acompañan, Rocío Márquez prescindió de microfonía para hacer alarde de los excelentes metales de su garganta. En las vigas del Dormitorio alto de Santa Clara se podían asar pollos, tanta calor hacía, pero sobre el escenario todo fue templanza.

Llegó la onubense allá donde se propuso, moduló a su antojo y supo arrancar oles entusiastas en muy bien dosificados momentos de arrebato.A pesar de su juventud, Rocío Márquez parece una artista curiosa de lo antiguo, y con su repertorio bien abastecido de recursos clásicos. Se acordó de la Niña de los Peines y su Tango de los ojos negros, como de Juana la del Revuelo en el mismo palo, o de Valderrama en los melismas con los que adornó varias letras. También interpretó una guajira preciosa, que hizo correr una brisa caribe por la sala, perfumada de coco y guanábana. Los que preferimos las voces un poco más desaforadas, de esas que tienen a bien quebrarse como una caña de vez en cuando y no dudan en cantar con faltas de ortografía, la intachable perfección de Rocío Márquez puede llegar a resultarnos en algunos momentos, sólo en algunos momentos, un poco desalmada.

No obstante, la riqueza del repertorio y el buen gusto de Márquez permiten hablar de contrastada realidad donde ayer decíamos promesa. Es miel, y además no empalaga.

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