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¿Cómo sustituir a Lula?

Brasil celebra mañana elecciones sin el emblemático presidente.

el 01 oct 2010 / 19:04 h.

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El presidente de Brasil, Lula da Silva.

Los brasileños irán mañana a las urnas para elegir un nuevo presidente del país como cierre de una campaña electoral en la que, por vez primera en los últimos 21 años, Luiz Inácio Lula da Silva no ha sido candidato aunque ha estado más presente que nunca.
Ahora el carismático líder, que pasó de limpiabotas y tornero a ser el presidente que logró unos Juegos Olímpicos para su país y considerado el hombre más influyente del mundo el pasado marzo por la revista Times, debe dejar paso a un nuevo mandatorio. Aunque probablemente ganaría de nuevo en las urnas, la Constitución brasileña le impide optar a un tercer mandado en el país del Ordem e Progresso.


Lula, sabedor de las limitaciones de su sucesora, Dilma Rousseff, quien se había ganado su confianza primero como ministra de Minas y Energía y luego como titular de la cartera de la Presidencia, decidió empeñar su nombre y popularidad -goza de un índice de aprobación cercano al 80%-, en la arriesgada empresa de lograr que, por primera vez, Brasil sea gobernado por una mujer. Su omnipresencia en actos y mítines junto a Rousseff, en los que ha llegado a intervenir más que la propia candidata, ha causado polémica y le ha costado seis multas de la justicia electoral por rebasar las barreras de actuación de la figura del presidente del país. A pesar de ello, él ha seguido apostando públicamente por ella. "A Dilma le gustan los pobres. Votar por ella es votar por mí", ha asegurado en varias ocasiones.


Mientras, los analistas brasileños especulan con el futuro inmediato de Lula, quien el próximo 1 de enero entregará definitivamente la banda presidencial brasileria, éste se mantiene como líder indiscutible del Partido de los Trabajadores, una organización política que él mismo fundó en 1980 y del que ha sido candidato presidencial en las últimas seis elecciones: las de 1989, 1994 y 1998, que perdió, las de 2002, que ganó, y las de 2006, cuando fue reelegido.


Lula, un obrero metalúrgico de origen muy humilde que fue líder sindical y de la oposición durante dos décadas antes de llegar al poder, suele restarle méritos a sus antecesores al subrayar hasta el cansancio en sus discursos que "nunca antes en la historia de este país..." alguien hizo tanto por Brasil como él, ha sido realmente, y descontadas sus exageraciones, un presidente sin par. Pese a que, como le recuerdan sus opositores y la prensa, no fue él quien descubrió Brasil, nunca antes el mayor país latinoamericano fue gobernado por un obrero procedente de una región tan paupérrima como Pernambuco, que ni terminó la escuela primaria.


Tampoco nunca antes un presidente había concluido dos mandatos con una popularidad tan alta, cercana al 80% y con su candidata como favorita a sucederle con cerca del 50% de las intenciones de voto. Igualmente, nunca un jefe de Estado salió ileso políticamente de diversos sonados escándalos de corrupción que derribaron a los principales líderes de su partido y le costaron el cargo a sus dos hombres de confianza. De la misma manera, ningún Gobierno había conseguido que 30 millones de brasileños ascendieran de la clase baja a la media ni generar 15 millones de nuevos empleos formales en tan sólo ocho años.


Este enorme político vacío que dejará Lula da Silva tras las elecciones de mañana puede también convertirse en el gran aliado del opositor José Serra, que aunque figura por detrás en las encuestas de cara a las elecciones, sabe de antemano por dónde flaquerá Rouseff. A buen seguro, el hueco por el que atacará estará en todo lo que no haga Rousseff como el carismático presidente Lula. Hasta hoy, presidente de Brasil.

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