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Como un boxeador sin pegada

El Sevilla tuvo que conformarse con sumar un solo un punto por culpa de su falta de acierto en los metros finales. Lo intentó de todos los modos posibles. 

el 14 ene 2012 / 22:50 h.

Reyes, en acción.

Nada le sale bien a este Sevilla y lo peor es que ya no tiene colchón para seguir fallando. Para nada le sirve ser superior, tener más ocasiones y que parezca haber encontrado por fin un patrón de juego que dé buenos minutos de fútbol a los aficionados que se congregan en el Sánchez Pizjuán. Ayer, el equipo fue como uno de esos boxeadores que ataca una y otra vez, por arriba y por abajo, arrincona a su adversario, le castiga el hígado y le busca la cabeza cuando puede, pero no consigue el KO por más golpes que propine. Al final se lo juega todo a la balanza de los puntos, a la injusticia de los jueces, y ahí es donde suele perder sus opciones de victoria. Eso si el rival no ha aprovechado antes la única ocasión que le concede una bajada de guardia sevillista para noquearlo de un golpe del que no será capaz de levantarse. Y la tuvo Galán, el lateral izquierdo, en el descuento, en una de las poquísimas ocasiones claras que tuvo un Espanyol al que le sirvió con verlas venir y una sola intervención de mérito de Casilla para no irse derrotado.

El Sevilla se muere de ocasiones. Ayer creó muchísimas, de todos los colores, pero nunca aparece el futbolista necesario para que la pelota entre cuando debe. Nunca un rebote va para adentro, ni un error del rival deja solo a uno de blanco para empujarla. No le sirve una primera mitad de buen juego para adelantarse a nadie y el asunto comienza a obsesionar a aquellos que hace pocos meses eran infalibles y que hoy parecen incapaces de hacer goles.

A Marcelino se le ha acusado desde que llegara que tardaba demasiado en hacer los cambios y ayer se conjuró para quitarse ese sambenito. Y se equivocó. En otras ocasiones, con el equipo perdido en el mar de las dudas, el asturiano esperó hasta la desesperación para intentar cambiar el rumbo del partido. Ayer fue todo lo contrario. El Sevilla acababa de firmar su mejor primera parte de la temporada, sin ni siquiera ese bajón de juego al que acostumbra tras la primera media hora, y en apenas dieciocho minutos su entrenador desbarató al equipo cambiando hombre por hombre, con el único resultado relevante de que Kanouté vio la quinta amarilla que le hará perderse el derbi. A partir de entonces, el juego volvió a caer en el pozo de la precipitación y en el precipicio del balonazo al área. Sea como sea, el Sevilla ha sumado 10 de 33 y Marcelino irá a Heliópolis a jugarse el puesto. No queda otra.

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