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Como un imbécil

Así me he sentido tratado, en determinados momentos, cuando hago balance de la pasada campaña electoral al Parlamento Europeo. La orientación seguida por los partidos políticos, las salidas de tono de determinados personajes y, sobre todo, la oportunidad perdida para hablar de temas europeos sólo ha servido para alimentar ese desapego al que nos están acostumbrando.

el 16 sep 2009 / 04:13 h.

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Así me he sentido tratado, en determinados momentos, cuando hago balance de la pasada campaña electoral al Parlamento Europeo. La orientación seguida por los partidos políticos, las salidas de tono de determinados personajes y, sobre todo, la oportunidad perdida para hablar de temas europeos sólo ha servido para alimentar ese desapego al que nos están acostumbrando. Asocio una campaña electoral a información e ideas y, sabiendo lo que significa Europa, esperaba que fuese una ocasión para las propuestas y el debate, no para que a uno lo tratasen como a un imbécil presto a aplaudir el desatino.

Valorar positivamente el camino que va desde la inicial visión de una Europa unida hasta llegar a la ampliación actual, subrayando, en general, "el coste de la no-Europa", y en el caso español lo que supuso nuestro alejamiento, cuadra mal con la nacionalización de la campaña o con la pretensión de convertirla, aquí en Andalucía, en un plebiscito autonómico, o con los disparates del matonismo dialéctico o el culto a la personalidad.

Demasiada pobreza de ideas y demasiado déficit de buena política para un tiempo de crisis. Así que ahora, a todos, nos sigue aguardando el listado de temas de los que no se ha dicho nada y de los que tendremos que ir enterándonos con el ruido de los acontecimientos. Y a no sé cuantos, nos tocará seguir oponiéndonos a la degradación que, para la Democracia, supone la desafección política, hablando, especialmente con los que no han votado, explicándoles que existe otra forma de ver y vivir Europa, porque no podemos permitirnos el lujo de renunciar a ella y a su fortalecimiento. Porque en caso contrario, sólo gana quien defiende los fantasmas políticos que ya ha conocido la historia europea.

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