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Cómodos sólo en su juego

Los candidatos dieron lo mejor de sí en las intervenciones que llevaban preparadas, pero los momentos de debate no fueron los mejor resueltos. Torrijos estuvo por debajo de su nivel en el discurso pero en el lenguaje del vestir ganó a Espadas y Zoido.

el 15 feb 2011 / 23:40 h.

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Los candidatos a la Alcaldía que participaron en el debate demostraron ser buenos oradores y entraron en el juego de responderse, aunque el formato, duramente negociado entre los partidos, no ayudó a potenciar el diálogo. Todos llevaban bien aprendido a quién debían dirigirse, lo que los ayudó a no enzarzarse en discusiones, porque fueron más bien debates a dos y, en algunos casos, incluso a uno, porque Torrijos no encontró interlocutor en Zoido pese a dirigirse sólo a él.

El candidato del PP mantuvo la compostura y mostró su dominio de los gestos y el tono, sin fallos pero con escaso lucimiento, con eslóganes ya amortizados. Espadas fue el más desigual: alternó respuestas bien encajadas e intervenciones bien hiladas, apoyadas en datos y expresadas de forma contundente, con otras en las que se dejaba llevar por el candidato del PP a su terreno o no conseguía explicar asuntos complejos como su aportación metropolitana. Torrijos estuvo por debajo de su nivel, seguramente constreñido por la limitación de los turnos a dos minutos. En el aspecto formal, Torrijos fue el único que lució en la solapa una seña de identidad en forma de pin de Izquierda Unida, el único que acudió sin corbata y al que mejor le cuadró la americana. Zoido apostó por una combinación clásica de tonos azules que funcionó bien aunque era algo anodina, y a Espadas le jugaron malas pasadas la chaqueta, sin forma y acordeonada, la combinación de colores de corbata y chaqueta y la camisa que resaltó su rostro encarnado al alterarse.

JUAN ESPADAS (PSOE)

Lo mejor: El mejor golpe de efecto de Espadas fue el mazazo a Zoido reprochándole que el presupuesto municipal no aguantaría todas sus promesas electorales si no fuera en cuatro legislaturas, porque sumarían 2.500 millones de euros de inversión. Lo hizo además justo después de una buena intervención del candidato popular sobre su modelo de ciudad. Buena intervención inicial, en la que expuso con claridad sus ideas fuerza: lucha contra la crisis, reconocimiento de los errores de los socialistas pero sin anclarse en ellos, necesidad de mirar hacia el futuro. Lanzó con puntería la primera pulla a Zoido recordándole las alabanzas a Sevilla del alcalde popular de Málaga. Iba preparado para que le echaran en cara Mercasevilla y no se alteró, aunque tampoco respondió. Aportó ideas como la apuesta metropolitana, pero las explicó poco. Se creció en varios momentos, como al reprochar a Zoido proyectos que criticó y que al final cuajaron como las peatonalizaciones.

Lo peor: Los nervios le jugaron malas pasadas. Excepto al de Mercasevilla, que se esperaba, entró a todos los trapos de Zoido, a ratos ofuscado, hasta el punto de que en la intervención final no se dirigó a los espectadores sino al candidato del PP, para acabar de responderle. Para colmo, su camisa blanca resaltaba el color de la cara, haciéndolo parecer más colorado, enfadado. Prestó demasiada atención a las propuestas de Zoido dejándose llevar a terreno resbaladizo. Llegó a citar uno de los eslóganes de la campaña del PP, el "efecto Zoido".

ANTONIO RODRIGO TORRIJOS (IU)

Lo mejor: Salvo un bache inicial en la primera intervención, Torrijos adoptó pronto un tono sereno y el lenguaje dirigido a los suyos en el que más cómodo se siente: no se cansó de atacar a la "derecha de siempre que empuja para llegar al Gobierno a cualquier precio", a un Zoido "fiel al mandato de los que le mandatan" y "corneta del apocalipsis" o a los "capitalistas culpables de la crisis". Supo vender sus propuestas emblemáticas, como las políticas de empleo, la red de carriles bici o su apuesta por una Tablada completamente verde, y alguna que otra iniciativa común de la coalición de Gobierno, como las VPO o las peatonalizaciones; o directamente de los socialistas, como la implantación del sentido único en las grandes avenidas. Acertó al no competir con los socialistas y centrarse en atacar al PP, y también en ignorar, como si no fueran con él, unas acusaciones de Zoido que poco tenían que ver con las propuestas para hacer ciudad.

Lo peor: Se perdió en la primera intervención, puede que al intentar ceñirse al turno de palabra sin atropellarse hablando -estuvo incluso lento- y desviando nerviosamente los ojos. Lo corrigió a partir de la segunda intervención pero estuvo por debajo de su nivel de oratoria. Le costó distribuir bien el tiempo y no cerró bien los turnos. Pecó de excesivo en alguna retahíla contra el candidato del PP. En algunos momentos encadenó enumeraciones de propuestas, sin explicarlas, que se hicieron incomprensibles.

JUAN IGNACIO ZOIDO

Lo mejor: Su mayor logro fue mantener la naturalidad y el control de su discurso, obligando a Espadas a acercarse a su terreno varias veces y logrando incluso alterarlo. No cayó en las provocaciones de Torrijos, al que apenas dedicó las acusaciones que llevaba previstas en su guión sobre el varapalo judicial por los despidos improcedentes de Sevilla Global. Preparó bien sus golpes de efecto, como la manción a los padres de Marta del Castillo, a los que llamó por su nombre, igual que a muchos vecinos de los barrios de Sevilla a los que mencionó para poner sobre la mesa problemas que el Gobierno local tiene pendientes. Jugó en su favor el conocimiento de la ciudad que ha obtenido en sus cuatro años en la oposición. Atacó puntos débiles del PSOE como el caso Mercasevilla y no cesó de preguntar a sus contrincantes si permitirán que gobierne la lista más votada. "Yo gané las últimas elecciones" fue una de sus frases estrella, y no encontró réplica en sus oponentes.

Lo peor: Sus propuestas fueron muy básicas, con poco fondo -o no supo explicarlas-. La baza de la Ciudad de la Justicia la jugó mal: se quedó en un discurso para iniciados, porque el panel no se veía y no concretó de qué espacios hablaba ni para qué. En general, le fallaron los efectos, como el de sacarse del bolsillo el DNI, que aparte de quedar poco natural tampoco se distinguía por televisión. Le ocurrió incluso con Mercasevilla: la idea de sacarla a colación en cada respuesta no le funcionó porque se le acababa el tiempo y lo hacía con calzador

 

 


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