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Cultura

Compromiso y contención

Esta nueva propuesta de Alberto San Juan es un monólogo tan sobrio como contundente con el que el demuestra su capacidad para cautivar al espectador.

el 10 ene 2015 / 16:02 h.

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Confesión de un expresidente que llevó a su país a la crisis *** Lugar: feSt / Centro TNT, 10 de enero. Texto: Davide Carnevali. Dirección e interpretación: Alberto San Juan.Título de la Crítica: Compromiso y contención   Desde que iniciara su actividad con la compañía de teatro Animalario, Alberto San Juan ha defendido la idea del teatro como una forma de denuncia que puede llegar a transformar la realidad. Fiel a esa premisa nos presenta esta nueva propuesta, un monólogo tan sobrio como contundente con el que el demuestra su capacidad para cautivar al espectador. El texto, como su título indica, gira en torno a un expresidente que se sube al escenario con la determinación de decirle al público, al pueblo, que todas sus promesas no eran más que una mentira descarada y que su gobierno se basó en un simple juego de apariencias. Así, el personaje nos descubre su truco para gobernar: rodearse de hombres poco inteligentes pero brillantes, o lo que es lo mismo, capaces de aparentar inteligencia. De esta manera, el expresidente se muestra desde el principio como un cínico capaz de utilizar su cargo para engordar su ego y su bolsillo. Reconoce que lo hizo de forma descarada, que para llegar al poder prometió cosas que desde el principio estaba claro que no iba a cumplir. Pero fue el pueblo el que le votó durante más de una legislación y para ello no tuvo que dejar la democracia a un lado. Así, poco a poco el personaje, que se confiesa culpable de haber mentido y utilizado el poder para sus fines particulares, nos hace partícipes de su culpa hasta llegar, de alguna manera, a liberarse. En ese sentido el texto apunta a un interesante ejercicio de provocación que, por desgracia, no acaba de completar. Y es que, en su empeño por ahondar en el cinismo y el descaro del gobernante, dicta una confesión que no pasa de ser una sarta de verdades evidentes y al final parece que todos los males recaen en la pasividad de pueblo, o lo que es lo mismo, de los espectadores. Pero la obra no les da la posibilidad de tomar parte activa. Así, el discurso deriva hacia una resbalosa reflexión sobre la ineficacia de la democracia que resulta un tanto farragosa, a pesar de su simpleza. La puesta en escena se limita a situar al personaje ante el público, sin más apoyo que el de una pequeña mesa y un supuesto discurso que el presidente desiste de usar. Pero la obra se salva gracias al poder de Alberto San Juan de cautivar a su público con un magistral trabajo de interpretación, con el que imprime un ritmo vivo y ascendente a pesar de que supone un alarde de contención que nos priva de cualquier emoción.

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