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«Con boli y caminatas, el reportero hace todos los días el periódico de la historia»

Es profesor en la Hispalense, ha dirigido tres periódicos en su vida -el último, El Correo- y ha sido corresponsal en Italia. Pero, sobre todo, es un reportero de libreta y calle. Foto: Gregorio Barrera.

el 15 sep 2009 / 19:30 h.

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-Sostiene Manuel Leguineche que el periodismo está muerto. ¿Qué sostiene Ramos Espejo?

-Según quien lo diga... Creo que está más vivo que nunca porque hay más información, es más accesible, pero sí está moribundo si hablamos desde la nostalgia, el romanticismo, la autenticidad del periodismo, el sentimiento, desde la prensa independiente...

-¿No hay prensa independiente, entonces?

-Hay un teatro o un cine independiente, pero se ha perdido el periodismo independiente que se cultivaba incluso en los periódicos dependientes, que te lo permitían. Ahora todo es más encorsetado, desde el corsé del diseño -que, evidentemente, es un avance-, hasta los temas que se eligen. El reportero no decide nada, casi se ha perdido de las redacciones. Eso es lo que echo de menos, el que se busca la vida y propone y crea una agencia o se va por su cuenta y riesgo.

-¿Pero hay todavía esperanza para los de su especie?

-Sí... Quedan muchas ascuas, yo espero que se mantengan para que enciendan un carbón, como en los braseros y las hornillas, y que de ahí salgan más reporteros. Hay jóvenes que enfocan bien los temas, que saben lo que quieren, pero no tienen quien les alumbre.

-¿Por qué falta esa luz?

-Porque la mayoría de los profesionales que pueden ayudar son mayores a ojos de los empresarios, son estorbos, y deben desaparecer de las redacciones. Son modelos de periodismo con las páginas contadas, aunque los lectores los demanden, como a los columnistas.

-¿Están pasados de moda?

-No, no, no, pero no entran en el recuadro de la página. No si no les dejan tiempo y tienen que cubrir cinco actos distintos. El reporterismo requiere paciencia y tiempo, sólo así se puede hablar con un abuelo o un obrero. Ahora todo nace en la televisión y se traslada luego a los periódicos, cuando siempre ha sido a la inversa. Por eso el reporterismo está vivo, pero no en los periódicos; ése es el problema, porque es su espacio natural. Y, que no se olvide, nosotros hacemos todos los días el periódico de la historia. A base de bolígrafo, cartera y caminatas.

-¿Cuáles son las mayores amenazas del reporterismo?

-Creo que no es bueno especializarse en exceso, un periodista que se pasa 15 años metido en un ayuntamiento se empobrece. Pasa el tiempo y el periódico le encuentra recambio, pero el periodista no tiene recambio. Yo intento que no se me acaben las pilas y por eso he hecho política pero también reportajes del subdesarrollo o la inmigración. Tienes que demostrar, aunque sea en tus ratos libres, que puedes hacer de todo. Tenemos que ser reporteros por cuenta propia; si vamos por cuenta ajena, perderemos parte de nuestra verdad.

-¿Por qué reivindica esta figura ahora que lo que se lleva es el analista o el contertulio?

-Porque es sagrada, la máxima expresión del periodismo. Se ve tan poco que es casi un tesoro. Son ellos los que traen las historias, y nuestro oficio no es más que eso: contar historias que interesen.

-¿Y usted cómo se hizo reportero?

-Por casualidad. Vengo de una familia de agricultores en la que hay algún médico y algún sacerdote. Yo no sabía qué elegir pero tuve necesidad de trabajar y tenía cierta formación de filosofía y literatura. La casualidad hizo que me enterara de que hacía falta un redactor en El Sol de España, y a Torremolinos que me fui. Pagaban 12.000 pesetas al mes y me movía con autobús por la Costa del Sol. Ahí me topé con historias de actores en Marbella, con flamencos...

-Y de allí, a Italia, a Roma.

-Bueno, tuve una crisis existencial y me fui a la aventura. De allí traje un periodismo espectacular, muy arriesgado, diferente, de sentimientos subterráneos. Al regresar a Granada lo primero que encontré fueron las caras de Bélmez, y allí lo puse en práctica.

-¿Por qué cambió la actualidad internacional por las historias de Andalucía?

-Quienes me despiertan los ojos sobre esta tierra fueron mis compañeros de la oficina internacional de Roma, un croata, una chilena y una italiana que me enseñan la figura del Sur. Traigo ese poso pero no sé cómo encauzarlo, pero empecé a encontrar historias y vi que no podía volver atrás en el camino de reflejar nuestra realidad, la del emigrante, la represión o el caso Almería. Preferí un periodismo útil y andaluz.

-Un consejo a los jóvenes, con 40 años de experiencia...

-Que sean profesionales dignos para su medio pero que nunca se consagren a él como una monja, que no se sometan sólo a la disciplina de una empresa y trabajen con criterio propio. Y que beban de las madres del buen periodismo, de los buenos de siempre, para salir de esas depresiones de ahora.

-Diga nombres...

-Que vayan a Azorín, Camus, Brenan, Goytisolo, a Herodoto, a Kapuscinski... A los que estuvieron y lo contaron para nosotros.

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