Cultura

"Con la Celestina interpreto a un mito que está por encima del bien y el mal"

Roberto Quintana encarna a la famosa alcahueta del Siglo de Oro en la Buhaira desde el miércoles.

el 09 ago 2010 / 19:46 h.

Roberto Quintana da vida a la Celestina, desde mañana, en el Palacio de la Buhaira.

En una mañana de calor se levanta, como de costumbre, el sol por las calles de Sevilla. Concretamente en la Alameda de Hércules, lugar de encuentro para una entrevista con uno de los grandes del teatro clásico. Intentando divisar entre la gente a una persona de unos 50 años de edad y con las canas características que evidencian sus años recorridos por la vida, Roberto Quintana aparece, a lo lejos, con su periódico bajo el brazo.

Después de 40 años de trabajo ininterrumpido, de dirigir el Centro Andaluz de Teatro y de serlo todo en el mundo de las artes escénicas (actor, gestor, iluminador y dramaturgo), este sevillano mantiene intacto su compromiso con el teatro clásico. Desde el miércoles y con motivo de las Noches de verano en un lugar emblemático como el Palacio de la Buhaira, Quintana vuelve a subirse a los escenarios, aunque puede decirse que aún no se ha bajado de él, para dar vida a la alcahueta más célebre, la dibujada por Fernando de Rojas en La Celestina. Un papel del que se siente orgulloso de interpretar por la "maravillosa adaptación" que Alfonso Zurro, director de la obra, ha hecho. "Supera por primera vez todas las confusiones que genera normalmente en el espectador la obra original; la clave para que todo se centre en la Celestina y no en quién interpreta es que todo viene servido por el personaje del propio texto, ya que es un personaje que está por encima del bien y del mal o de la asignación sexual, es un papel que transgrede a todos".

Las altas temperaturas que suele registrar Sevilla en la época estival hacen mella en el ánimo del actor ante el estreno. "Sabemos que en Sevilla el tiempo está loco, pero esperamos que agosto nos ayude y bajen las temperaturas". Sin embargo, para Quintana, el verano caluroso de la capital hispalense es un punto débil para el teatro. "En Sevilla hay un código de divertimento. Existe una dualidad: hay dos equipos de fútbol, hay dos ferias, hay dos Sevillas, Triana y Sevilla. Aspectos que son innamovibles, no como el teatro. Algo grave porque se pierden trenes que van hacia el futuro, tanto a nivel económico como cultural".

Según este profesional de las artes escénicas, en el teatro hay cuatro patas que sostienen la mesa del oficio: los profesionales, el público, la administración y los medios de comunicación. Patas que no ayudan de manera colectiva a la "resurrección" que necesita el teatro. "El teatro necesita una revolución que se debe dar primero en la cabeza de las personas que manejan las ayudas y que, por desconfianza y porque no le ven un hueco en sus programas, no lo hacen".

Verbigracia: su largamente acariciado Proyecto Lear, que dotaría a Sevilla de un teatro para la representación exclusiva de los clásicos y que ha vendido a los políticos recurrentemente sin que haya logrado sacarlo adelante. Al respecto, Quintana apunta: " Yo soy muy realista, no se puede luchar contra los grandes. Ya me he cansado, es agotador. Hablas con un político y con otro y sabes que no les vas a poder abrir los ojos porque ellos piensan que lo que buscas es solventar tus problemas económicos, que no tengo...".

Después de mucho mundo recorrido, asegura no sentirse amenazado por la televisión, a la que define como "un sex shop, es la tienda en casa de sexo"; ni por el cine, que "está enlatado, siempre es lo mismo. Eso sí con tantas nuevas tencologías en el cine, acabaremos viendo a Marlon Brandon con Marilyn Monroe...", ironiza. Para él, el teatro está vivo. Es la actuación conjunta del actor con el público, donde las condiciones nunca son iguales. "El teatro es irrepetible, ocurren las cosas por primera y única vez".

Aunque la vida no le permite a uno retroceder, Quintana advierte que aún le queda mucho. "No hemos sabido ir en la dirección correcta", y aunque el teatro no ha sido nunca un espectáculo seguido por miles de espectadores, "¿por qué debemos mantener un Estadio Olímpico que no se abre ni un día de media y no un centro con salas de teatro?".

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