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Con las cosas de beber no se juega

Nuestro queridísimo Partido Popular ha decido empezar a olvidarse de su Plan Hidrológico Nacional (PHN) y del consiguiente trasvase del Ebro, eliminando de su programa toda mención al que en anteriores ocasiones fuera tema estrella y del máximo interés para los millones de españoles.

el 15 sep 2009 / 00:01 h.

Nuestro queridísimo Partido Popular ha decido empezar a olvidarse de su Plan Hidrológico Nacional (PHN) y del consiguiente trasvase del Ebro, eliminando de su programa toda mención al que en anteriores ocasiones fuera tema estrella y del máximo interés para los millones de españoles que habitan el Levante y el Sureste. Lo incluye, eso sí, en el prontuario de campaña, es decir rebajado de nivel, para que nadie, como es el caso de este comentarista, pueda acusarlos de amnesia e incluso de oportunismo electoral.

En el verano de 2000 el PP dio un paso histórico al presentar urbi et orbe el PHN, uno de los proyectos más ambiciosos de la Legislatura que planteaba, entre otras muchas cosas, el trasvase de 1.050 hectómetros cúbicos anuales del Ebro a las cuencas mediterráneas. Después de largas deliberaciones el plan fue aprobado por el Consejo Nacional del Agua (CNA) e incluso votaron a favor los representantes de dos Comunidades (Castilla-La Mancha y Extremadura) gobernadas por los socialistas, con lo que al PSOE se le metió el demonio en casa. Sus conmilitones de Aragón y Cataluña pusieron el grito en el cielo contra Bono y Rodríguez Ibarra, a la sazón presidentes autonómicos, mientras la noticia llenaba de júbilo a todos, sin distinción de ideologías, en Valencia, Murcia y Almería.

El trasvase venía a representar un acto de equidad histórica entre la España húmeda y la seca. Gozaba de todas las bendiciones técnicas prolijamente discutidas en el CNA y su abultada inversión sería recuperada con creces a lo largo del tiempo a costa de la actividad económica de todo tipo que el agua genera allí donde llega. Como era de esperar, las regiones supuestamente afectadas se pusieron en pie de guerra y la división de opiniones se trasladó también a las filas populares, después de que hábilmente les fuese inoculado el virus antitrasvase donde más podía doler: en el amor propio del nacionalismo o del localismo más atávicos. Pero contra viento y marea el Gobierno de Aznar siguió adelante con su flamante plan que continuaría ejecutándose de no haber perdido las elecciones de 2004. A Zapatero le faltó tiempo para dar marcha atrás, y al socaire de una pretendida reforma de la ley el PHN del PP pasó a la historia a mediados de 2005, sucumbiendo con él las esperanzas de millones de personas de la España seca. Esos ingenuos españolitos que confiaban en que una victoria de Rajoy abriría de nuevo la llave del trasvase. Parece que no será así.

El demonio habita ahora en la casa popular. El PHN ha sido escamoteado del programa del PP, aunque con la boca pequeña lo mantienen en el manual del candidato. Una forma ni siquiera elegante de decir donde dije digo ya no digo nada. Porque lo que no está en los programas electorales no existe. Y aun estando a veces no se cumple. Con las cosas de beber no deberían jugar los partidos políticos. ¿Por qué no se plantea de una vez por todas que un comité de expertos, y sólo expertos, dictamine si el trasvase del Ebro es o no es conveniente?

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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