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Con los plomos fundidos y la orientación perdida

El fútbol no es una matemática exacta, pero una ley no escrita somete a los rivales del Barcelona a un continuo asedio y a un desenlace calculado.

el 16 sep 2009 / 01:44 h.

El fútbol no es una matemática exacta, pero una ley no escrita somete a los rivales del Barcelona a un continuo asedio y a un desenlace calculado. La superioridad del conjunto de Guardiola es manifiesta, ingobernable en algunas fases, aunque tratar de construir un dique con sacos de cartón y papel es un suicidio.

Jiménez edificó su cobertura con Mosquera, incapaz de contener a Henry, un desquiciado Fernando Navarro, roto cuando Alves se incorporaba al ataque, y entregó la labor de distribuir a un Romaric fatigado y a un Maresca que se plegó a Keita y Touré, los únicos mediocentros que circularon elegantes.

La táctica era secundaria, aunque Jiménez optó por un atrevido 4-4-2. Fue ambicioso sobre el papel, ya que su pizarra se esfumó cuando Iniesta anotó el 1-0. Desde entonces, la comedia fue sólo de un color: el azulgrana que diseñó Guardiola. Y Messi en el banquillo.

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