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Con luces cortas

Ahora que todos los partidos afrontan sus renovaciones o crisis -depende de sus resultados electorales- convendría decir en voz alta lo que la ciudadanía debería esperar de estas organizaciones políticas.

el 15 sep 2009 / 04:11 h.

Ahora que todos los partidos afrontan sus renovaciones o crisis -depende de sus resultados electorales- convendría decir en voz alta lo que la ciudadanía debería esperar de estas organizaciones políticas. Cuesta afirmarlo sin parecer ingenuo, claro, pero aún confiamos en que sus dirigentes entiendan sus organizaciones como un instrumento útil para transformar la sociedad.

Y hasta aquí llegó la ingenuidad. Ha durado justo las cinco líneas de la entradilla del artículo. Que levante la mano quien haya oído algún debate de ideas en algunos de los procesos internos que se están habilitando en el PSOE, PP, IU o PA. Nada de nada. Debate cero, como se dice ahora. En Madrid, Esperanza Aguirre ha prometido con la sonrisa esquinada que sólo quería abrir un debate ideológico. No la ha creído nadie, como es natural. Pero lo peor ha sido que, sin ser cierto el propósito intelectual que servía de coartada a la presidenta de Madrid, Rajoy ha considerado que el debate ideológico está de más en el PP. Que de debatir nada, que si quiere la lideresa, se pelea. Pero que de debates ideológicos y zarandajas de ese tipo, nada de nada. Arenas, por elevación y sintiéndose confortado por la pax pepera andaluza, ya que nadie promueve crisis o renovación alguna merced a los resultados históricos de todos conocidos, ha cerrado el círculo fijando el canon de la ideología del centro derecha español: "Con decir que soy del PP, basta". El todo por la parte y el partido como punto de llegada. El partido mismo como ideología o el ocaso de las mismas, que es título muy de Fernández de la Mora.

En el PSOE, más de lo mismo. Zapatero ha sacado a Caldera del Gobierno para que lidere una Fundación que piense para el futuro del progresismo español, porque el PSOE por lo visto no está dispuesto a pensar, sólo a ganar elecciones. Los partidos ya no confortan a sus militantes o simpatizantes, no imparten doctrina -sólo argumentarios, que es otro género literario-, ni promueven debates. Ni falta que les hace, dirán. Les basta con prometer a su militancia el cielo eterno del triunfo electoral. El último debate ideológico en el PSOE fue el abandono del marxismo. Y ya ha llovido. La línea de trabajo, las novedades y las apuestas políticas las marcan desde las instituciones y el partido las refrenda. De hecho, el PSOE es el partido que tiene los mejores documentos del mundo. Sobre cualquier tema que usted quiera: medio ambiente, movilidad, política internacional, inmigración...un supermercado de propuestas y teorías bien apolilladas en las cajoneras de Ferraz.

En Sevilla, por ejemplo, los críticos han comenzado a sacar músculo para intentar que José Antonio Viera se retire y no aspire a la secretaría general del PSOE. De entrada, pedirle a alguien que no se presente, como ha hecho Monteseirín, es una muestra de debilidad. Lo lógico es ir al congreso a competir y ganar o perder. Pero pedirle al contrincante que no concurra es poco ortodoxo. Cosa distinta es evaluar si la actual dirección lo ha hecho bien o mal. Partimos de la base de que su cometido principal ha sido ganar elecciones y relacionarse con sus cargos públicos y militantes. La primera parte la aprueban con nota -como ocurre tradicionalmente en el PSOE de Sevilla cada vez que se abren las urnas, por cierto- y respecto a la segunda, ya ven que hay división de opiniones sobre el desapego con las direcciones locales o determinados alcaldes. Pero el debate provechoso aún no ha comparecido. Necesitaríamos saber si alguien propone un modelo político alternativo para dirigir el PSOE de Sevilla, si va a articularse un reposicionamiento estratégico respecto a determinados asuntos capitales e incluso si alguien piensa proponer una nueva estructura orgánica que responda a los retos actuales o una articulación de la militancia para conectar con el sentir de los ciudadanos. ¿Ha oído usted a alguien hablar de algo semejante? Yo no y trabajo en un periódico. Lo que sí mido con el interés del entomólogo desde hace cuatro años es el tamaño del codo que cada quien le mete a cada cual. Conozco perfectamente cómo funciona la táctica de ataque de los opositores, ese nada sutil quítate tú que me pongo yo. Y constato el catenaccio que emplea la dirección provincial actual para amarrar el partido. Estos días se oyen muchas cosas curiosas: acusaciones de sectarismo, de incapacidad, de colocación de cargos a dedo, de traiciones y filias, de destituciones con el mismo dedo u otro distinto. En fin, un espectáculo nada edificante que se ha desatado y que se intensificará aún más en los dos próximos meses y medio. Es el paso asilvestrado de los ñúes por un río Mara infestado de cocodrilos. La dirección regional del PSOE llamó a los dos bandos a trabajar para ganar las elecciones y enterrar cautelarmente sus diferencias. Dicho y hecho. Ahora lo que toca, dicen, es la pelea interna, cuyo efecto más pernicioso es haber alineado a los cargos públicos e instituciones en bloques enfrentados. Veremos quién es capaz de aglutinar más apoyos de militantes y qué ocurre después. De aquí a julio queda mucho camino. El primer test para comprobar cómo están las fuerzas de equilibradas será la elección de delegados a los congresos federal y regional. A partir de ahí se decantarán muchos apoyos de indecisos. De momento, la inestabilidad en Sevilla y otras provincias puede provocar daños irreversibles en la estrategia del PSOE regional.

En el PA e IU no están las cosas mejor. La nueva y joven generación de dirigentes comunistas o ex comunistas -Felipe Alcaraz, Concha Caballero, Willy Meyer, Diego Valderas, Sánchez Gordillo, Rosa Aguilar...- está dispuesta a sacrificarse una vez más para renovar IU y llevarla al olimpo de los votos. Menos mal que esta nueva camada de políticos firmemente partidarios de la renovación ya va lanzando ideas inestimables para incardinar a la izquierda española y andaluza en el siglo XXI. En fin, que se quedan para vigilar la casa. ¡Qué sería si no de IU! Fíjense, que hasta Anguita está pidiendo otra vez el balón.

Lo del PA es más pronunciado. A estas alturas ni siquiera los medios de comunicación han hecho sangre con la hecatombe perpetrada por Julián Álvarez, lo cual es muy mala señal porque se asemeja demasiado a un tratamiento forense. El problema del andalucismo es sempiterno: saber qué es. Porque hasta ahora sabemos qué ha sido según quien lo haya dirigido coyunturalmente. Creo que les urge más un gran foro de reflexión colectiva y abierto sobre su filosofía y propuesta política antes que un congreso de urgencia con varios nombres en liza. Así, a lo mejor nos enteraríamos de algo y sabríamos si el andalucismo tiene sentido y futuro.

Mientras sus dirigentes se emplean unos contra otros, los ciudadanos seguiremos esperando a que los partidos nos iluminen, a que pongan la luz larga en vez de la corta, que sólo les permite ver a cinco palmos de sus narices. Será de ingenuos, pero estamos obligados a esperar de ellos algo más que una tragicomedia en la que brillan más las navajas que las ideas.

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