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Condenados a entenderse

El anuncio de Marruecos del retorno "inmediato" de su embajador, Omar Azziman a Madrid -aunque sea a través de un frío y escueto comunicado-, supone una buena noticia que normaliza la relación entre Marruecos y España, dos países vinculados por historia y territorio.

el 14 sep 2009 / 22:23 h.

El anuncio de Marruecos del retorno "inmediato" de su embajador, Omar Azziman a Madrid -aunque sea a través de un frío y escueto comunicado-, supone una buena noticia que normaliza la relación entre Marruecos y España, dos países vinculados por historia y territorio. El embajador, que había sido llamado a consultas el 2 de noviembre tras el anuncio de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, vuelve a España tras la visita a Marruecos del Ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, quien entregó una carta para Mohamed VI del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata del gesto conciliador que pedía el rey marroquí para normalizar unas relaciones que, en el fondo, nunca estuvieron en serio peligro toda vez que Marruecos es consciente del enorme apoyo que le presta España ante la Unión Europea en asuntos fundamentales como la inmigración, la agricultura o la pesca, como se encargó de detallar zapatero en la misiva. Marroquíes y españoles saben que, más allá de gestos de cara a la galería, debe existir una relación de respeto mutuo y lealtad, no sólo por lazos históricos sino por conveniencia y rentabilidad. En verdad, la visita de Moratinos escenificó un acuerdo que ya había sido pactado previamente vía telefónica al más alto nivel. Moratinos reconoció que se había pasado una fase "difícil", pero en ningún caso comparable a la crisis desatada bajo el gobierno de José María Aznar por la toma del islote de Perejil. Aquello ya pasó afortunadamente. Y Marruecos, pese a tener hoy otras fricciones como la investigación del juez Garzón de un supuesto genocidio de saharauis, no tiene motivos reales para enfrentarse a España, un país con el que mantiene multitud de convenios bilaterales. El comunicado marroquí ha sido frío, pero la relación con España nunca peligró. Marruecos y España saben que están condenados a entenderse.

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