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Condenados a entenderse

Griñán y Valderas llevan cuatro años intercambiando reproches pero ahora deben estrenar otro registro.

el 08 abr 2012 / 18:45 h.

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"Cero patatero. Un legado decepcionante y desolador". Así resumió el coordinador regional de IU, Diego Valderas, la legislatura de José Antonio Griñán. "No son capaces de seguir un camino recto porque son los que hacen el trabajo sucio a la derecha, históricamente lo han hecho y lo siguen haciendo", le replicó el presidente socialista optando por la patada (verbal) en las espinillas.Es el intercambio de calificativos, no precisamente halagadores, que se dedicaron en el Parlamento el pasado diciembre dos líderes condenados a entenderse los próximos cuatro años si quieren que el gobierno de izquierdas que aseguran que han pedido los andaluces llegue a buen puerto.

Valderas y Griñán no han tenido una relación amistosa ni PSOE e IU han sido capaces de cerrar acuerdos importantes en la legislatura pasada. Sus portavoces se han movido entre el reproche, la descalificación y la desconfianza. No ha habido espacios para los acuerdos de izquierda que aislaran al PP en la Cámara.
Hubo un ensayo de gran pacto anticrisis al comienzo del mandato de Griñán. Los prolegómenos fueron tensos y las conversaciones se rompieron casi antes de empezar a debatir propuestas. Entonces la Junta optó por enviar directamente a la Cámara un paquete con 53 medidas anticrisis. El diálogo que fue imposible en la mesa política sí prosperó en el Parlamento. Pero al final se convirtió en ménage à trois y el PP inesperadamente se sumó al pacto, votado en junio de 2009.

Ha sido una tónica general, foto a tres o del PSOE en solitario. Al principio el PP evitaba el aislamiento y al final ha sido IU la que ha eludido retratarse con el PSOE en solitario. Si había acuerdo a tres era, por ejemplo, por el campo andaluz. Ha influido de forma determinante que fueran los socialistas los que estaban gobernando en España y el desgaste del PSOE en las urnas. IU consumió la mayor parte de sus intervenciones en la Cámara andaluza haciendo una moción de censura a las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero y acusando a Griñán de seguidismo. El culmen lo marcó la huelga general convocada por los sindicatos a la reforma laboral de Zapatero. IU empleó toda su artillería contra el PSOE, también en Andalucía. Cuando las municipales de mayo y las generales de noviembre constataron la sonora bofetada al PSOE y que muchos votantes estaban huérfanos, IU optó por un perfil muy peleón, retratándose como la única izquierda y puso a PP y PSOE al mismo lado del cuadrilátero.

Tampoco al margen de la economía, el partido de Valderas quiso arrimarse a los socialistas. El caso de los ERE animó a IU a sumarse a la ofensiva contra la corrupción en la Junta. El último bloque de medidas de transparencia, aprobado en diciembre y que terminó eclipsado por la prohibición de los alcaldes de ser diputados , no contó con el apoyo de IU, que se abstuvo alegando que la reforma de la Ley Electoral se quedaba corta. Los socialistas, que tenían mayoría absoluta, tampoco dieron signos de preocupación. Solo hubo un guiño de Griñán apostando por reformar precisamente esa ley electoral para beneficiar a los minoritarios, una reivindicación cíclica e histórica de IU. No llegó a nada más que a eso, un gesto.

Todo esto lo dice el Diario de Sesiones, el chivato más fiable de lo oído en la Cámara. En estos años Valderas ha insistido en la "soberbia" del socialista, le ha afeado su política "neoliberal", le ha acusado de no desarrollar el Estatuto y aplaudir políticas de derechas escritas por Zapatero al dictado de los mercados, la UE y Merkel. Griñán se ha burlado de sus adjetivaciones, le ha reprochado que quisiera apropiarse de la izquierda cuando a la hora de la verdad IU ha dado paso al PP -hablaba de Extremadura- y ha despreciado la vaguedad de sus críticas y su falta de propuestas.

Ambos deberán cambiar su registro si quieren sumar mayoría con sus 47 y 12 diputados, frente a los 50 del PP. "El milagro de las matemáticas" que dijo Valderas en campaña electoral. En el último debate del Parlamento, el 25 de enero, desde la oposición Valderas quiso ver una rectificación, un giro a la izquierda del socialista. Griñán marcó distancias entre su recetario y el de IU: "Yo no soy comunista". Ahora deberá serlo un poco si quiere ser presidente, o parecerlo. Hasta hoy han huido de la foto y delegado las negociaciones. Quizás no puedan evitarse por más tiempo.

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