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Condenan a 22 años de cárcel al padrastro de Alba por las palizas

La Audiencia de Barcelona ha condenado a la madre de la niña Alba a 20 años de cárcel y a 22 al padrasto de la menor por delitos de lesiones y malos tratos. Además, deberán pagar 1,5 millones de euros a la niña, cuya madre ha perdido la patria potestad.

el 15 sep 2009 / 21:11 h.

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La Audiencia de Barcelona ha condenado a la madre de la niña Alba a 20 años de cárcel y a 22 al padrasto de la menor por delitos de lesiones y malos tratos. Además, deberán pagar 1,5 millones de euros a la niña, cuya madre ha perdido la patria potestad.

La sección 20 de la Audiencia reprocha "el gravísimo incumplimiento por parte de la madre de Alba de sus deberes de cuidado y asistencia de la niña" y, además de retirarle la patria potestad, le deniega ser "ni directa ni indirectamente" informada durante su estancia prisión, como ella pedía, del estado de salud y la evolución de la menor.

La sentencia imputa a Francisco Javier Pérez la paliza que en diciembre de 2005 le rompió a Alba un brazo y los maltratos a que la sometió mientras la niña vivió con él, atándola a la silla para comer y obligándola a tragarse sus propios vómitos, así como dándole de beber agua con una jeringuilla con la boca precintada. Respecto a la paliza del 4 de marzo de 2006, la sentencia cree probado que el procesado se quedó a solas con la niña en su piso de Montcada i Reixac (Barcelona), después de que ella hubiera dicho que no quería salir para ir a la feria, y la "zarandeó brutalmente y con tal violencia" que le provocó un hematoma subdural en el cerebro.

En opinión de la Audiencia, la madre de Alba era "perfectamente conocedora" de los malos tratos que Francisco Javier Pérez infligía a su hija y, pese a ello, "no adoptó decisión alguna" para evitar las agresiones. En relación con las vejaciones a que Francisco Javier Pérez sometía a la menor, el fallo critica con dureza la conducta de la madre, porque "no se limitó a saber y consentir las condiciones indignas" en que la niña se encontraba, sino que faltó a su "obligación legal" de evitar esa situación.

Según la sentencia, desde noviembre de 2005, cuando los condenados iniciaron su relación sentimental, ambos crearon respecto a Alba "un clima de sistemático maltrato tanto físico como vejatorio". Por este motivo, el tribunal impone a los procesados una elevada indemnización, "atendiendo a la gravedad de los hechos, de las lesiones producidas y del clima de terror y miedo que provocaron en el entorno familiar de la menor", así como por las secuelas que arrastra la niña, quien ha perdido totalmente su autonomía personal.

Para concluir la culpabilidad de los procesados, la Audiencia ha dado plena credibilidad al relato de Maite, la hija de seis años de Francisco Javier Pérez, quien en abril de 2006 en una exploración judicial realizada por psicólogos explicó lo sucedido la noche de la brutal paliza y los habituales malos tratos que Alba sufría. En ese sentido, el tribunal recuerda que la versión de la niña quedó corroborada por la declaración de su madre.

Relato de otra niña. Para concluir la culpabilidad de los procesados, la Audiencia ha dado plena credibilidad al relato de Maite, la hija de seis años de Francisco Javier Pérez, quien en abril de 2006 en una exploración judicial realizada por psicólogos explicó lo sucedido la noche de la brutal paliza y los habituales malos tratos que Alba sufría. En ese sentido, el tribunal recuerda que la versión de la niña quedó corroborada por la declaración de su madre, que explicó que Maite jugaba a reproducir en sus muñecas el maltrato que Francisco Javier Pérez infligía a Alba: las ponía desnudas contra la pared, les pegaba cachetes en el culo y les daba agua con una jeringuilla. La sentencia dedica páginas enteras a justificar que en su exploración judicial no se advirtiera a Maite de su derecho a no declarar contra su padre, lo que motivó que el abogado de Ana María Cano planteara la posible nulidad de ese testimonio, principal prueba de cargo contra los procesados.

Ahora, y debido a las palizas, Alba sufre un deterioro de las funciones cerebrales muy grave con un trastorno del lenguaje escrito y verbal -se comunica con gestos y sonidos- y con ausencia de movilidad en la parte derecha del cuerpo.

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