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Más de tres siglos de cárcel por tratar de volar su bloque con 53 vecinos dentro

El pirómano de Las Naciones dejó artilugios explosivos en su piso, un cuartillo, los ascensores y cuatro rellanos. La sentencia, de las más altas impuestas en Sevilla, describe la desesperación de la gente al tratar de huir.

el 08 may 2013 / 13:16 h.

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El 'pirómano' de Las Naciones a su llegada a los juzgados en el año 2009. / Javier Díaz El 'pirómano' de Las Naciones a su llegada a los juzgados en el año 2009. / Javier Díaz Durante cinco años fue acumulando rencor contra sus vecinos, por los que se sentía perseguido en sus delirios, hasta fraguar un minucioso un plan para hacer explotar su edificio y matarlos a todos. La brutal deflagración no mató a nadie porque la cadena de explosiones que había proyectado se interrumpió, pero cuatro años después el pirómano de Las Naciones ha sido condenado a más de tres siglos de cárcel por 53 intentos de asesinato y un delito de estragos. Rafael Peña deberá pagar casi un millón de euros en indemnizaciones por el daño moral y las lesiones, según una sentencia de la Audiencia de Sevilla que también le prohíbe acercarse al bloque siniestrado durante 10 años una vez que salga de prisión. Los hechos se produjeron el 17 de julio de 2009 cuando el condenado, de 71 años, prendió los artefactos que había repartido por el número 30 de la calle Arquitecto Gómez Millán y se quedó fuera con una mochila con varias mudas, esperando a ver cómo estallaba. Tras la primera explosión, se marchó paseando a su perro. La sentencia deja claro que los explosivos “fueron minuciosamente preparados” para que tras la primera deflagración “el fuego se propagara rápidamente por todo el edificio”. La explosión provocó “escenas de pánico” cuando los ocupantes “quedaron atrapados” en la primera planta y algunos, “desesperados, pensaron en saltar al vacío”. La descripción de los vecinos en el juicio de cómo trataron de escapar fue, a juicio del tribunal, “desgarradora”. El hombre había preparado un completo arsenal, haciendo acopio de bombonas de butano, disolvente y gasolina con los que se había ido haciendo poco a poco para no levantar sospechas. Ese día, tras discutir por enésima vez con el administrador de la comunidad, “pensó que era el momento de realizar el escarmiento proyectado” y dejó en su casa seis bombonas de butano con las espitas abiertas y un bidón de 20 litros más dos botellas de plástico con gasolina, cerrando las ventanas y colocando una toalla bajo la puerta para que no escapara el gas. Luego colocó otra bombona con la espita abierta en el cuarto de contadores de la planta baja y otra botella de gasolina, esparciendo parte por el suelo. Y distribuyó artefactos incendiarios caseros: puso un carrito de la compra con cuatro botellas de dos litros de gasolina, una lata de cinco litros de disolvente y un periódico liado como mecha “a modo de cóctel molotov” que encendió sin llegar a prender los productos inflamables, al caerse al suelo y apagarse. En el rellano de la planta baja puso otro carrito de la compra con materiales similares; en el de la primera planta dejó dos artilugios más, compuestos por una lata de disolvente y una botella de gasolina con mechas caseras; e igual en el segundo y el tercer piso. Luego prendió fuego a los dispositivos de la planta baja provocando una intensa humareda, y al del ascensor; y lanzó una botella de gasolina en el cuarto de contadores que provocó una fuerte deflagración que destrozó el cuartillo. Los ascensores reventaron de la primera a la última planta. La idea era que las explosiones en cadena hubiera destruido el edificio sin que los vecinos, muchos de ellos ancianos, hubieran podido escapar al haber inutilizado los ascensores y los rellanos de las primeras plantas, un “efecto devastador” que no llegó a producirse por la rápida intervención de Policía y Bomberos. La Audiencia, que le aplica una eximente incompleta por trastorno paranoide de la personalidad y de ideas delirantes de tipo persecutorio, condena al acusado a seis años de prisión por cada uno de los 53 delitos de asesinato en grado de tentativa y a 12 por otro de estragos; y a pagar 15.000 euros por el daño moral a cada vecino y 238.950 euros a la comunidad. Aunque se trata de una de las penas más elevadas impuestas por la Audiencia de Sevilla, el acusado no superará el máximo de 25 años de prisión que establece el Código Penal.

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