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Conducir en tiempos convulsos

La Jefatura Provincial de Tráfico lega al Archivo Histórico los libros de registro de3.000vecinos que aprobaron el carnet entre 1934 y 1939.

el 24 may 2014 / 23:00 h.

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La hija del general Queipo de Llano fue una de las nuevas conductoras. / El Correo La hija del general Queipo de Llano fue una de las nuevas conductoras. / El Correo El 18 de abril 1936, mientras la sublevación franquista se levantaba contra el Gobierno republicano iniciando una Guerra Civil que duró tres años e implantó una dictadura, uno de los representantes de la nobleza sevillana de la época, Miguel Sánchez Dalp –el actual Corte Inglés del Duque se levanta sobre su antiguo palacio– aprobó el carnet de conducir. Es una de las curiosidades que tres tomos arrinconados durante años en los sótanos utilizados como almacenes de la Jefatura Superior de Tráfico han desvelado. Es solo uno de los 2.956 sevillanos, la mayoría profesionales liberales y personalidades de alta alcurnia –ahí están los Benjumea, Ybarra y hasta la hija del general golpista Gonzalo Queipo de Llano– que se sacaron el carnet entre 1934 y 1939, los únicos libros de registro de tráfico conservados de esa época e incluso posteriores no solo en Sevilla sino en el resto del país. Una valiosa documentación que la Jefatura Provincial de Tráfico cedió recientemente al Archivo Histórico Provincial, gracias a la mediación del responsable del grupo de trabajo memorialista Todos los nombres del sindicato CGT, Cecilio Gordillo –a la sazón trabajador de la DGT–, que se topó con los tomos hace años durante unas obras de la sede sevillana y no ha parado hasta asegurarse de que se conservarán en un lugar adecuado . Cuando Gordillo los encontró había cuatro tomos pero en este tiempo ha «desaparecido» uno, si bien él ya lo había fotografiado digitalmente y el CD con su contenido también irá al Archivo Histórico Provincial. Se trata de libros de registros muy simples, ordenados cronológicamente según el día del examen, donde solo consta el nombre y apellidos del conductor, la fecha en la que aprobó y en algunos casos el coche con el que se examinó y los «ingenieros» que le examinaron. Pero lo más valioso es que llevan una foto del nuevo conductor, algo que ha servido a esta asociación memorialista para poner rostro a algunos represaliados por el franquismo de cuya historia tenían constancia y que, para Gordillo, será mucho más útil una vez que los responsables del Archivo elaboren, tras la limpieza y restauración de los libros, una base de datos. Un repaso a estos tomos evidencia, según explica Gordillo, que tener coche en aquellos años era un lujo o un medio de trabajo, ya que la mayoría de los conductores eran «profesionales liberales de alto poder económico y conductores profesionales». Y también que incluso el día del golpe militar «la administración del Gobierno republicano seguía funcionando con normalidad», como muestra la ficha de Sánchez Dalp. Curiosamente, pese a tratarse del primer tercio del siglo pasado, hay «un grupo importante de mujeres, sobre todo en el primer tomo, correspondiente a 1934, y empiezan a ser menos frecuentes a partir del 36». Eso sí, en la mayoría de los casos se trataba también vinculadas a poderes políticos y militares, desde la hija de Queipo de Llano, María, a la suegra de Soledad Becerril, María del Pilar Medina y Benjumea, marquesa de Salvatierra. Hay médicos, abogados y «llama la atención un colectivo importante de alemanes en los libros del 38 y 39 ya que Sevilla era en aquella época una especie de destino para el descanso del guerrero», explica Gordillo, que insta a hacer un estudio histórico de esta colonia germana existente en la ciudad incluso desde años anteriores a éstos para rastrear sus posibles vínculos políticos. Los tomos, únicos conservados de una serie documental que según señalan desde el Archivo Histórico Provincial comenzaría a primeros del siglo XX, ya han despertado el interés de historiadores de otras comunidades como el País Vasco, donde están intentando encontrar la documentación parecida de las jefaturas de tráfico de allí. Y es que, pese a que estos propios tomos tuvieron que estar en consulta hasta los años 80 y a que la ley obliga a que toda documentación administrativa de más de 50 años sea enviada a los archivos históricos, lo cierto es que en la propia Jefatura de Sevilla no quedan libros de ningún otro año (las razones barajadas por los trabajadores más antiguos van desde antiguas riadas a simples limpiezas pero lo cierto es que su rastro se ha perdido) y en el resto del país es también una documentación inédita. O quizás haya decenas de libros de este tipo repartidos en los sótanos de las diferentes sedes de la DGT esperando a que alguien repare en ellos y les dé la importancia que merecen.

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