Cofradías

Conjugar un estilo propio con la responsabilidad

el 30 mar 2010 / 19:37 h.

Ha tomado el relevo con normalidad y una gran responsabilidad. Mario Fermín Ramos, como director espiritual de la hermandad, acompañará por primer año a San Bernardo en su estación de penitencia. Es una más de sus funciones desde que el pasado septiembre se incorporase al barrio como párroco, donde quiere continuar el trabajo de don José, quien realizó "una labor muy meritoria durante 50 años; se volcó en su amor a la parroquia y al barrio".

Muchos apodaron cariñosamente a don José el Papa de San Bernardo, y su sucesor no evita recordar lo mucho que hizo. "Cuando él llegó, encontró un barrio deprimido, que sufría inundaciones en la España de la posguerra, con tantas penurias...", recuerda su sucesor, el padre Ramos. Ante esta situación, don José no se encerró en los cultos parroquiales, sino que centró sus esfuerzos en encontrar soluciones. Así, en las inundaciones de los años 60, cuando se rompieron los muros de defensa del Tamarguillo, don José "abrió las puertas del gran templo parroquial para que las familias viviesen allí mientras sus casas estaban inhabitables", rememora Ramos.

"Don José supo ser sensible a las necesidades de su pueblo, creyente o no", resume el sacerdote. El padre Ramos llega después de haber cumplido con su labor en Málaga, El Viso o Carmona. En San Bernardo entró en el último mes de vida de don José, con quién trabó una relación fraternal y quien le dejó un testimonio: "Su muerte fue la de un hombre de Dios, dando gracias y pidiendo perdón. Cuando le llevaba la comunión me recibía siempre con los brazos abiertos; fue un sacerdote lleno de ejemplaridad". Dice que tuvo "el funeral que merecía" y sus restos reposan como él quería, en la iglesia de San Bernardo. Los mismos que lloraron su muerte son quienes visitan ahora la parroquia del padre Ramos, una casa que él describe "llena de vida, con gente que se entrega, que ama a su barrio y a la Iglesia".

Además, Ramos destaca que durante la Semana Santa llega gente que ya no vive en el barrio pero que aún lo sienten como suyo. "Aquí están sus raíces y te sienten su cura, le decimos la Diáspora de San Bernardo", comenta con cariño. "La cofradía conjuga muy bien la responsabilidad de manifestar públicamente la fe con ese estilo propio, abierto y universal de San Bernardo", asegura.

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