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Conjurados contra el fuego

Sólo unos días después de que haya concluido el mes de mayo más frío de los últimos años la próxima temporada estival vuelve a poner en guardia a las autoridades sobre los daños que, especialmente en esta época, causan los incendios en muchos rincones del territorio.

el 15 sep 2009 / 06:02 h.

Sólo unos días después de que haya concluido el mes de mayo más frío de los últimos años la próxima temporada estival vuelve a poner en guardia a las autoridades sobre los daños que, especialmente en esta época, causan los incendios en muchos rincones del territorio. Aunque la gestión de estos graves desastres ambientales compete a las comunidades autónomas el Gobierno ha decido impulsar acertadamente y cuanto antes la dura lucha veraniega contra las llamas. Nada menos que diez ministerios tratarán de coordinarse esta vez para conseguir mejores resultados que en el pasado. Está probado desgraciadamente que los fallos de coordinación entre los distintos servicios de extinción son causa de graves problemas en ocasiones. Especialmente cuando los incendios afectan a territorios de comunidades autónomas diferentes, aunque vecinas. El Ejecutivo es el responsable principal de evitar estas 'faltas de entendimiento' autonómico y de reforzar con suficientes medios a las comunidades autónomas para que el daño de las llamas, en un país como España con grave riesgo de desertización, sea lo menos perjudicial posible. Las arcas gubernamentales destinarán 150 millones de euros para aumentar la eficacia del trabajo en el monte. Es un 6,5% más que el año anterior. Pero el grueso número de medios humanos y materiales que se dedicarán a combatir esa auténtica lacra ambiental pueden quedar gravemente lastrados por la irresponsabilidad individual. Es realmente dramático e incidente que la mayoría aplastante de los incendios que se producen en España, y Andalucía no es una excepción, se deban a la mano de algún desaprensivo con nombre y apellidos. El daño colectivo que causan cada verano muchos criminales de la ecología es tan grave que bien merece una estricta vigilancia de los montes para combatir lo que se denomina ya como terrorismo ambiental. Frente a dicha amenaza todos los ciudadanos deben conjurarse y denunciar al delincuente del monte porque también todos, sin excepción, sufren su evitables consecuencias.

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