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Contención hasta en el ambiente

Pocas personalidades arroparon a Griñán en un día lluvioso y sin corrillos.

el 09 jun 2010 / 11:50 h.

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Los debates del Estado de la Comunidad suelen ir acompañados de una notable expectación. Ex políticos, empresarios, agentes sociales... Andaluces de peso que se acercaban a escuchar el balance y el porvenir que debe pintar un presidente de la Junta. Ayer, sin embargo, se rompió la tradición. Tan fría como el tono monocorde de José Antonio Griñán, tan congelada como las propuestas con que pidió el sacrificio del Gobierno y la ciudadanía, tan triste como el ritual de los que, tras el discurso, echaban cuentas sobre lo que les toca perder. Así estuvo la mañana en la sede de las Cinco Llagas.

"Gris como el día", decía un diputado socialista, lacónico, mientras fumaba un cigarro en el claustro, al resguardo de la impenitente lluvia, con un operario a su vera, pasando mil veces su máquina por el mármol pisoteado, el verdadero héroe del día, el hombre que evitaba los resbalones. Ni pasilleo ni corrillos permitió la borrasca como no fuera en la atestada cafetería. Un discurso sin moviola y sin digestión alimenta menos.

Era un día para ver y dejarse ver pero pese a ello, y a que la cita se hacía esperar desde hace dos años, el Parlamento no pasó de tener el ambiente de un pleno algo concurrido. Un ejemplo: si el día de la aprobación rocambolesca de la Ley de Aguas había gente sentada hasta en las escaleras, ayer había casi tantas calvas como sitios ocupados -y más de la mitad eran periodistas-. En primera fila, eso sí, destacaban Juan José López Garzón (delegado del Gobierno en Andalucía), José Rodríguez de la Borbolla (ex presidente andaluz), Amparo Rubiales (consejera de Estado), Pilar González (líder del PA), Javier Barrero (diputado socialista por Huelva), Petronila Guerrero (presidenta de la Diputación onubense), Ricardo Tarno (vicesecretario general del PP-A) e Isaías Pérez Saldaña (presidente de Cartuja 93).

La patronal estuvo presente en la figura del número dos de la CEA, Antonio Carrillo -el presidente, Santiago Herrero, estaba negociando la reforma laboral-, y sonada fue la ausencia de los pesos pesados de los sindicatos, en el día después del paro en el funcionariado y cuando más se palpa la lejanía entre las centrales y la administración socialista. Ni un rostro de CCOO-A y apenas uno de UGT-A, su vicesecretario de Relaciones Laborales y Política Institucional, Dionisio Valverde.

Griñán -que no se arrimó a la grada a apretar manos-, se subió raudo al atril para arrancar puntualísimo. Había una ausencia entre sus consejeros: la de la titular de Salud; llegó corriendo, ocho minutos tarde. El presidente se ganó 11 aplausos del PSOE, el primero a los 15 minutos, con su alusión a las garantías de progreso que aporta la Constitución del 78. El mayor, el quinto, con el impuesto sobre los depósitos bancarios.

En su hora y cuarto de intervención, la consejera de Obras Públicas y el de Medio Ambiente lo siguieron como estudiantes aplicados, tomando notas. En la grada, los asesores de la oposición también lo hacían, como locos, tratando de afinar el contraataque de Arenas y Griñán, atento el oído a los comentarios de la prensa. De fondo, el diputado de IU Juan Manuel Sánchez Gordillo, con su estola palestina al cuello, le pedía a todos los diputados una condena a Israel.

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