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Copenhague arranca con buenos propósitos pero sin visos de pacto

EEUU, protagonista de la cumbre, declara malas para la salud las emisiones contaminantes. La expectación y el escepticismo se ciernen sobre la cita del clima.

el 07 dic 2009 / 20:58 h.

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Varias personas llegan al recinto en el que se celebra la cumbre de Copenhague.

Ayer, todas las persona que viajaron desde el aeropuerto de Barajas de Madrid hacia Copenhague recibieron como regalo una bolsa ecológica con mensajes claves contra el CO2.

Es sólo un ejemplo de la expectación que ha despertado la cumbre del clima que se celebra desde ayer y hasta el próximo día 18 de diciembre en la capital danesa, una cita marcada por la urgencia de las medidas contra las emisiones pero también por el escepticismo. La cumbre arrancó con buenas intenciones y con un claro mensaje sobre la necesidad inmediata de lograr un acuerdo global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta.

Tanto el primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, como el responsable de los preparativos de la conferencia, Yvo de Boer, instaron en la sesión plenaria inaugural de esta cumbre, la mayor jamás celebrada sobre el cambio climático -con unos 15.000 participantes- a consensuar un "acuerdo sólido y ambicioso". De Boer afirmó que tan sólo se podrá hablar de éxito si se acuerdan "acciones significativas e inmediatas que entren en vigor al día siguiente de la clausura" de esta cumbre.

Recordó que la cuenta atrás ya ha empezado y que es hora de dar respuestas, por lo que pidió a los delegados de los 192 países reunidos un "pastel de Navidad" formado por tres capas: Habrá que consensuar la implementación de acciones inmediatas de mitigación, adaptación, financiación y tecnología; luego asegurar la financiación a largo plazo y por último, tener una visión compartida sobre un futuro bajo en emisiones de CO2 para todos. La presidenta de la conferencia, Connie Hedegaard, manifestó que "se acabó el tiempo de reiterar posiciones y de declaraciones. Hace falta acción real", concluyó.

España, por su parte, coincidió en el planteamiento y, a través de la directora general de la Oficina Española de Cambio Climático, Alicia Montalvo, insistió en que es preciso "alcanzar un acuerdo ambicioso y exhaustivo con todos los elementos esenciales que permitan mantener el objetivo de limitar el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados".

Pero los escollos no son pocos. Pese a que la necesidad de un acuerdo vinculante es obvia, la organización danesa no ha sido capaz de redactar un texto unánime antes de la cumbre y aún hay dudas de que pueda lograrse antes de que termine. La gran brecha es la que separa a ricos y a pobres en su intención y su capacidad para reducir las emisiones. Hace falta un pacto que satisfaga a todas las partes y que sea ambicioso, pero conciliar los intereses de extremos tan opuestos es difícil.

Diferencias. Ya ayer, nada más empezar la cumbre, algunos de los participantes pusieron de relieve sus respectivas opiniones. El secretario general de la OPEP, Abdalá Salem El-Badri, consideró "esencial" que Copenhague tenga en cuenta los intereses de los países exportadores de petróleo, dispuestos a contribuir para mitigar el cambio climático si reciben ayuda financiera de las naciones desarrolladas.
Mientras, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió al mundo mirar con más atención la alternativa de los biocombustibles como los producidos en su país. Brasil ya tiene un borrador acordado con China e India para negociar en la cumbre.

La buena noticia es que EEUU, el protagonista de la cita por su tradicional oposición a luchar contra el calentamiento, está decidido a contribuir. El Gobierno de Barack Obama declaró ayer formalmente que las emisiones contaminantes representan un peligro para la salud, un paso que permite a la Casa Blanca tomar medidas contra el calentamiento global sin necesidad de contar con el Congreso.

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