Toros

El Juli cierra su Feria con sangre y Nazaré da un nuevo paso

El diestro madrileño resultó cogido por el primero de la tarde. Nazaré cuajó una excelente y templada faena al cuarto de la tarde que le sirvió para cortar dos orejas. Manzanares pudo llevarse la dos del importante quinto.

el 19 abr 2013 / 18:53 h.

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Juli_Cornada_02 Se lidiaron seis toros de Victoriano del Río, incluyendo el primero –marcado con el hierro de Toros de Cortés- y el sobrero que salió en tercer lugar, muy bien presentados y ofensivos. Ese primero fue el garbanzo negro de la tarde por flojo, manso y corto de viajes. El tercero también fue manso de solemnidad pero los cuatro restantes tuvieron mucha importancia: noble y un punto distraído el segundo; con nobleza y clase el cuarto; excelente y muy humillador el quinto y noble y blando el sexto. Julián López El Juli, de negro y plata, resultó cogido por su primero. José María Manzanares, de azul ferroviario y oro, silencio en el mató por El Juli; ovación y oreja con fuerte petición de la segunda. Antonio Nazaré, de verde camaronero y oro, ovación, dos orejas y ovación. La plaza se llenó en tarde de calor primaveral. Brillaron los hombres de la cuadrilla de José María Manzanares. Durante la faena de muleta del primero de la tarde El Juli fue alcanzado por el toro recibiendo una seca cornada y un golpe en la cabeza. Según el parte emitido por el doctor Octavio Mulet el diestro madrileño presenta: “Herida por asta de toro en cara interna, tercio inferior de la pierna derecha con una trayectoria ascendente de quince centímetros afectando músculo vasto interno y alcanzando paquete vascular femoral, provocando herida de vena femoral”. El pronóstico es grave. La presencia de El Juli, máximo y rotundo triunfador de la corrida de un Domingo de Resurrección demasiado lejano, se convertía en el eje orbital del último tramo de una feria que se nos escapa de las manos con sabores agridulces. Su último duelo con Manzanares y la esperanza de poder verlo con los temidos toros de Miura en el cierre del ciclo eran los máximos alicientes de una tarde en la que volvió a llenarse por completo la plaza de toros. Todos dábamos por seguro un nuevo golpe de autoridad del madrileño pero tuvo la mala suerte de enlotar el garbanzo negro de un excelente encierro de Victoriano del Río que ya puede contar para los premios. Ya se había quedado cortito y había echado las manos por delante en el inicio de una lidia en la que no paró de blandear. Sin darse coba, El Juli fue a buscarlo a los medios pero el toro protestó y se violentó en la muleta de puro flojo. En una de esas se quedó debajo de la muleta tirando un certero derrote que alcanzó el muslo derecho del torero. Se lo llevaron para dentro desvanecido  y sangrando a chorros con la impresión de cornada fuerte. Manzanares se hizo cargo del toro y la corrida quedó en un inesperado mano a mano que iba a dejar la lidia completa de tres toros en manos de Antonio Nazaré, que se enfrentó al noble jabonero que hizo segundo, un toro un punto distraído que se entregó en el caballo. El toreo brotó con suavidad, dicho a sorbitos cortos y buscando la colocación. Muy generoso con el toro en las distancias –quizá demasiado- fue cuajando una faena a la que quizá le faltó apurar aún más las posibilidades de su enemigo. Lo mejor fue la lentitud y la cadencia de sus muletazos, especialmente con la mano izquierda, aunque la gasolina que tenía guardada el toro le complicó la vida para echarlo abajo. En cualquier caso, podría haberle cortado una oreja. Pero las orejas sí cayeron con el cuarto, un torazo hondo y enorme pero de excelente clase que pertenecía al lote de El Juli. Nazaré retomó las distancias largas y comenzó su labor por el pitón izquierdo. El toro se desplazaba, se rebosaba en el engaño y el diestro de Dos Hermanas fue sumando la calidad de su toreo a la administración de una faena que no podía obligar más de la cuenta a su enemigo, no excesivamente sobrado de fuerzas. Las series de muletazos –no demasiado largas- se fueron sucediendo envueltas en una enorme cadencia y un delicado sentido del temple. Pero el trasteó reventó por completo en un excelente mazo de muletazos diestros que ligó a un cambio de mano genuflexo con los que formó un auténtico alboroto. La faena había llegado a su cima pero aún hubo sitio para unos naturales dichos muy de frente, con el compás abierto y unos ayudados genuflexos que precedieron a la estocada. Cayeron las dos orejas y se olía a Puerta del Príncipe. Pero esa puerta se quedó cerrada en la punta de su espada y en las escasas fuerzas del sexto, un toro de buena condición que doblaba las manos cada vez que le obligaba el diestro de Dos Hermanas, que pudo esbozar algún muletazo de buen trazo sin que el motor del toro pudiera prestarse a más. No importa. Otra vez será. Con tres orejas en la talega –que pudieron ser cuatro- Manzanares despidió una feria en la que algunos siguen discutiendo su papel en la famosa encerrona. Decimos que pudieron ser cuatro ayer porque la presidenta Moreno negó el segundo trofeo que el público pidió para el alicantino por la emocionante y larga faena que instrumentó al codicioso quinto de la tarde, con mucho el mejor y más importante toro del interesante encierro de Victoriano del Río. La mayor parte de la faena transcurrió delante de la Puerta del Despejo, bajo el palco de una música que esta vez tocó cuando debía. Pero no era un toro fácil: humillando como un tejón, exigiendo en cada embestida, obligó a Manzanares a citarlo con la muleta enterrada en la arena para cuajar excelentes muletazos en los que nunca pudo bajar la guardia. No fue igual por el lado izquierdo y el Manzana insistió por el otro lado hasta meter en la talega a ese animal, un auténtico tejón, con el que también nos regaló alguna pieza de recreo como un trincherazo enorme o un molinete de sabor añejo que anudaron una faena larga y algo desigual. Pero intensa y hermosa. A pesar del espadazo contundente el palco no quiso verlo así. Ella misma. Manzanares se había esforzado antes con el manso tercero, un ofensivo y enorme sobrero que se acabó rajando por completo. Algún muletazo poniéndolo todo mientras se marchaba a tablas y cantaba la gallina fue lo único que pudo arrancarle el alicantino, que estrena paternidad. Felicidades.

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