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Ni niños ni adolescentes pueden ya saberlo, pero hubo un tiempo en que los cines se parecían más a la salita de casa que a una nave extraterrestre que ha aterrizado por sorpresa en un solar, en que esas salas contaban con una iluminación precaria y butacas mal tapizadas...

el 14 sep 2009 / 21:33 h.

Ni niños ni adolescentes pueden ya saberlo, pero hubo un tiempo en que los cines se parecían más a la salita de casa que a una nave extraterrestre que ha aterrizado por sorpresa en un solar, en que esas salas contaban con una iluminación precaria y butacas mal tapizadas, donde soñar con paisajes lejanos era un ejercicio más doméstico y amable que no se reducía a tracas de efectos especiales. Ir al cine, entonces, era ir a ver una película y no a hartarse de hamburguesas o extraviarse en una arquitectura de diseño entre un laberinto de escaleras mecánicas y escaparates. No sabemos si cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí tal vez más confortable. Adiós, Corona, adiós.

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