Cultura

Corona Center, the end

El jueves a medianoche colgó las llaves que han guardado miles de películas en el Corona Center. Ángel Muro, operador de cine, aún recuerda la primera cinta que proyectó en la sala: La balada de Narayama. Era el 20 de diciembre de 1984 y se estrenaba "un cine muy especial". (Foto: Antonio Acedo).

el 14 sep 2009 / 21:31 h.

El jueves a medianoche colgó las llaves que han guardado miles de películas en el Corona Center. Ángel Muro, operador de cine, aún recuerda la primera cinta que proyectó en la sala: La balada de Narayama. Era el 20 de diciembre de 1984 y se estrenaba "un cine muy especial".

La legendaria gran pantalla de Pagés del Corro hubiera celebrado el próximo jueves su 24 aniversario. Pero no pudo ser. La rentabilidad ha ganado el pulso a la nostalgia y la cadena Cine Ciudad, encargada de explotar el establecimiento, ha echado el cerrojo casi por sorpresa. De hecho, el lunes empezará a desmontar la sala. Por lo pronto, ya ayer presentaba una imagen insólita. "Nunca antes había cerrado ni un solo día. Ni cuando murió uno de los propietarios", apostilla Ángel.

He aquí lo duro de la profesión: "estar encerrado los domingos, la Semana Santa... Al principio recuerdo que no trabajábamos de Jueves a Sábado Santo. Y el Domingo de Resurreción era el día de los grandes estrenos. Eso, hasta que la Iglesia tuvo la feliz idea de estrenar La Biblia en el cine Florida durante la Semana de Pasión. Al año siguiente llegó Ben-Hur y la Túnica Sagrada, así que los empresarios protestaron porque no veían diferencia entre estas cintas y la de La Biblia. Así la Iglesia se cogió los dedos y se quedó sin argumentos para cerrar las salas en Semana Santa", relata.

Desde entonces, más de un millar de filmes han pasado por manos del operador de cinematógrafo y el aprendiz "al que no se le dejaba tocar el proyector. Sólo se encargaba de limpiarlo y dar la vuelta a los rollos de la película". Unos 3.200 metros de fotogramas que tardaban dos horas en pasar ante los ojos de cientos de espectadores, que absortos abarrotaban la sala y la llenaban de anécdotas. Ángel recuerda una: "La taquillera salió a comprarse un bocadillo. Entonces vi salir a una persona de la sala y me acerqué a ver qué le pasaba. Me comentó que una señora no le dejaba ver la película. Volví a la sala y vi a una mujer que sobresalía del resto: no había deplegado el asiento y se había sentado sobre el canto de la butaca. Cuando terminó la película, me confesó que hacía cinco años que no venía al cine. Que se le había olvidado cómo se sienta uno aquí".

Tal y como relata este operador desde hace más de 40 años, desde ayer recolocado en el cine Alameda, "eran otros tiempos. Se llenaban salas de más de 100 asientos. En cabina había un operador y un ayudante o aprendiz para cambiar la cinta de uno a otro proyector cada 20 minutos y sin que se notara el corte". Tal era la precisión que "los únicos cortes que se veían en pantalla eran los de la censura".

No obstante, Ángel señala que el Corona no conoció estas prácticas. "Abrió adoptando un novedoso sistema de proyección de platos". Aún así, lamenta que la sala de Pagés del Corro nunca haya sido la primera de la ciudad. "Era un cine familiar, distinto por no pasar cintas comerciales. Por desgracia, sólo despuntaba por dar películas en versión original".

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