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Correa: "Si fallaba el golpe de Estado, el plan B era matarme"

El presidente de Ecuador insiste en culpar a la oposición de la crisis.

el 02 oct 2010 / 19:43 h.

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Un grupo de asalto del Ejército ecuatoriano, durante la liberación de Correa.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, ratificó ayer a los cancilleres de la Unasur, que lo visitaron en Quito para expresarle su apoyo, que fue un intento de golpe de estado la rebelión de policías ocurrida el jueves y que, tras el fracaso de esa estrategia, el plan B era matarle. También denunció que durante su retención su familia recibió amenazas.

El mandatario, que vivió el momento más difícil en sus más de tres años y medio en el poder, revivió el viernes ante los medios de comunicación y los cancilleres suramericanos el cautiverio al que fue sometido durante la sublevación de policías insatisfechos por unos supuestos recortes a sus privilegios salariales. Los ministros, en la cita efectuada en el Palacio presidencial de Carondelet, en el centro de Quito, escucharon a Correa como testigo y víctima de la última aventura golpista en la región.
El mandatario reconoció que su pueblo y policías y militares fieles a su Gobierno lograron rescatarle del encierro en un hospital policial y que por ello salió victorioso. No obstante, dijo que en Ecuador "no hay nada que celebrar... Es un día de luto para la patria", porque en los enfrentamientos hubo fallecidos, entre ellos un estudiante universitario con disparos en la cabeza. "Fracasó la intentona golpista" y "hemos tenido la unión del mundo" al condenar la revuelta policial, remarcó el mandatario y dijo que fue una "victoria contundente" contra los "enemigos de la democracia". "Pero fue mucho más lo que se perdió" y estuvo en juego la estabilidad democrática del país, agregó el mandatario quien no dudó en culpar a políticos de oposición como instigadores.

Sobre todo identificó al grupo de uno de sus más acérrimos enemigos políticos, el del ex presidente Lucio Gutiérrez, quien personalmente ha desmentido ese extremo y ha culpado a Correa de un eventual malestar social. Sin embargo, Correa dijo que no tiene dudas de que la oposición está detrás de los acontecimientos, que fracasó en el intento de desestabilizar a su Gobierno gracias a la participación de la población, que se enfrentó a pedradas con los insurrectos a las afueras del hospital policial. También agradeció a los policías fieles al Gobierno que participaron en su rescate y que fueron los que más sufrieron la furia de los sublevados.

Los militares que se juntaron para el rescate y la comunidad internacional que rechazó unánimemente el intento golpista también recibieron elogios del mandatario ecuatoriano, que fijó al 30 de septiembre como una de las peores fechas de la historia nacional. Reiteró que la estrategia era generar un golpe de estado, pero que ante el fracaso de ese plan, los sublevados quisieron matarle. A su juicio, los sublevados querían provocar un levantamiento general de la policía y los militares, lo que hubiese llevado al país a un caos social. También señaló que entre la Policía había grupos "leales", sobre todo el de Operaciones Especiales y el de Intervención y Rescate, pero pidió al Ministerio del Interior una investigación.

relevo en la policía. Tras la crisis, el Gobierno ya ha cambiado toda la dirección de la Policía del país, de la que han salido seis generales. "Ahora hay una nueva cúpula", compuesta por cuatro generales de menor antigüedad que los militares que abandonaron la Policía, indicó una fuente policial.

Durante la jornada de ayer el comandante general de la Policía, Freddy Martínez, anunció la renuncia a su cargo y será sustituido por Patricio Franco, según informó el ministro del Interior, Gustavo Jalkh. Los cuatro miembros de la nueva directiva visitarán en las próximas horas el cadáver de Froilan Jiménez, un agente que murió mientras participaba en el operativo para sacar al presidente de Ecuador, Rafael Correa, del hospital donde lo tenían recluido los sublevados.

El Ministerio de Salud ecuatoriano informó, en un comunicado de prensa, de la muerte de ocho personas durante los disturbios: tres en Quito y otras cinco en la ciudad costera de Guayaquil.

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