Cultura

Cortés esboza su réplica

Ésta vez los palhas, a los que les faltó remate, no respondieron a su bien ganada fama en el ruedo de la Maestranza. No llegó ese toro completo de otras ocasiones que pone a todo el mundo de acuerdo. Pero tampoco faltaron tres reses con posibilidades que fueron aprovechadas por la terna de forma muy desigual, en función de las posibilidades reales de cada matador y la verdad es que dos de ellas quedaron prácticamente inéditas.

el 16 sep 2009 / 01:41 h.

Ésta vez los palhas, a los que les faltó remate, no respondieron a su bien ganada fama en el ruedo de la Maestranza. No llegó ese toro completo de otras ocasiones que pone a todo el mundo de acuerdo. Pero tampoco faltaron tres reses con posibilidades que fueron aprovechadas por la terna de forma muy desigual, en función de las posibilidades reales de cada matador y la verdad es que dos de ellas quedaron prácticamente inéditas.

Salvador Cortés sí llegaba verdaderamente mentalizado para triunfar, concienciado para aprovechar una oportunidad que a él se le antojaba amarga. Pero estaba claro que con otras balas no se contaba y había que asegurar el tiro. Y así, recibió al tercero de la tarde con un firme y templado ramillete de verónicas que llevaron enhebradas toda una declaración de intenciones. Hacía cositas buenas el toro de Palha, que se desplazó con nobleza en un quite preciosista, de sabor añejo y manos altas, interpretado por chicuelinas por El Fundi.

Tubo bríos en banderillas para permitir que Luis Mariscal se luciera en dos pares espectaculares por los que se tuvo que desmonterar. Con tan buenos antecedentes, Salvador Cortés no dudó en brindar el toro al cónclave para citarlo en una larga distancia que tuvo que ir acortando progresivamente hasta que el toro, muy remiso, se arrancó por fin. Una colada al segundo muletazo y un desarme a oleadas le hicieron desistir de seguir sobre la mano derecha. El de Palha tomaba el engaño por el pitón izquierdo sin rematar los viajes del todo, siguiendo la muleta sin emplearse de verdad. Se enfibró Cortés y aunque la faena transcurría sin que tomara vuelo definitivo, un muletazo diestro reveló por fin el toreo y arrancó un ole auténtico. Las series tenían que ser breves por las protestas del toro al tercer o cuarto muletazo. Y había que aprovechar sus querencias a los adentros. Así lo supo ver Cortés, que cuajó un final de faena notable salpicado de varios muletazos rotundos y macizos. Lo mejor, el estoconazo de libro, citando en corto y entrando con todo el cuerpo para tumbar al toro patas arriba. La oreja, en la situación que atraviesa el diestro de Mairena, le debió saber a gloria. Salió decidido Cortés a remachar ese trofeo, a convertirlo en triunfo grande, ante el sexto de la tarde. Pero ya era del todo imposible. Descompuesto en el inicio del trasteo, queriéndose quitar la muleta de la cara, acabó pasando con desesperante sosería sin que la faena llegara nunca a tomar vuelo. Le queda el Corpus.

El Fundi, investido como maestro tardío e idolatrado por la afición más demagógica, dio varias de cal y alguna de arena. Se templó con el capote en el recibo al primero, que cogió de mala manera a Sergio Aguilar por desesperadamente torpe en el remate de un quite. Rehusó banderillear el de Fuenlabrada sin que nadie dijera ni pío y se empleó en un trabajoso trasteo que tuvo que luchar con las pésimas condiciones del animal, siempre reservón y violento, defendiéndose en cada embroque. Se acabó rajando el toro y en su refugio de tablas lo cazó El Fundi con una media estocada de enciclopedia que lo puso con las cuatro patas para arriba. Por cierto, este toro le había herido en el rostro al rebañar el burladero.

Volvió a brillar el veterano diestro madrileño al lancear al cuarto de la tarde, al que instrumentó un largo y templado mazo de verónicas que hacían presagiar buenas vibraciones en toro y matador. De nuevo rehusó tomar los palos, ésta vez entre protestas, renunciando de paso a una parte muy importante de su identidad torera. Ya lo hizo así El Juli cuando cambió de estrategias pero, desde el respeto debido, la distancia profesional y artística entre ambos diestros es astronómica. En fín, se desplazaba este cuarto toro con boyantía por el pitón derecho y El Fundi planteó su faena en el centro del platillo, con firmeza y sin buscar alivios pero sin llegar a acoplarse a esa embestida, sin conseguir que la faena tuviera nunca hilo ni rumbo alargando su metraje sin argumentos. Otra media estocada, que esta vez cayó baja, puso punto y final a la primera comparecencia del madrileño. Aún le queda la miurada.

Volvía a la Maestranza después de algunos años y con escaso bagaje a sus espaldas el también madrileño Sergio Aguilar y, como entonces, resultó cogido de mala manera en dos ocasiones y sembró demasiadas dudas de su capacidad técnica. Emperrado en repetir formas y maneras del peor Tomás -es otro producto malogrado de Sensei Corbacho- anda a merced de los toros, entregándose sin sentido, sin llegar a resolver la situación ni imponerse a los toros. Así lo dejó entrever ante el segundo que en su disculpa resultó violento, manso y sin recorrido. En un descuido imperdonable le volvió a cazar y, una vez más, se libró de la cornada antes de que acertara a matarlo en chiqueros. Donde no tiene disculpa es ante el quinto, que llegó a la muleta desplazándose por el pitón izquierdo, con mucha movilidad que el lánguido diestro desaprovechó en un larguísimo trasteo sin sentido ni eco que no convenció a nadie. La gente se impacientó. Con mucha razón.

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