Cofradías

Cosas que de verdad importan

Curiosas, las señales que han puesto. Una advierte de los bolardos. Otra, de la cera en el suelo. Falta la del canijo de la guitarrita.

el 16 abr 2014 / 19:53 h.

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La conciliación con la vida de las hermandades también resulta difícil. / Pepo Herrera La conciliación con la vida de las hermandades también resulta difícil. / Pepo Herrera No se puede estar más bueno que los garbanzos con bacalao de Las Lapas. O mejor dicho: sí, sí se puede. En La Fiorentina, calle Zaragoza, el mejor maestro heladero del mundo, el sevillano Joaquín Liria, despacha un vasito que lleva helado de azahar, de piñonate y, como guinda, una bolita de limón con hierbabuena. Dios está en los pucheros, decía Santa Teresa. Si llega a probar estas tarrinas... Con ellas es más fácil comprenderlo todo. Comprender, por ejemplo, que un camarero de una bodeguita cercana a la Torre del Oro esté parando a los coches de caballos para regalar vasitos de fino a los guiris. O comprender qué narices hace el esbirro Malco en lo alto de tantos pasos. Ayer, también. Malco es el sicario becario; lo mismo vale para que le corten una oreja que para endiñarle una bofetada al Señor, o de guía turístico por Jerusalén. Trabajadores así hacen falta en España. Los caballos de los carruajes resbalan por San Gregorio arriba, con la cera. Hay un montón de señales de tráfico nuevas, cortesía de la municipalité: Se ve a un tipo partiéndose la rodilla contra un bolardo, y pone Atención, obstáculos. En otra se ve un muñecote resbalando, y dice: Peligro de caída, cera en el pavimento. En el Triunfo hay una en la que se ven un montón de cabecitas en plan bulla: Precaución, zona de alta concentración de personas. Falta una en la que se vea a un canijo con una guitarrita junto a unos veladores. Cuidado, rumbita. Pero, ¿qué es lo que de verdad importa de esta historia? ¿Importa el caballito que resbala? ¿El camarero regalando finitos? ¿El contrato basura de Malco, la rumbita o qué? Lo que importa es que en la Alfalfa, viendo el Refugio, hay familias enteras. Ancianas, impedidos, discapacitados, bebés en carritos, matrimonios, hermanos, niños pidones, arracimados todos al amor de Coronación de la Macarena. ¿Cuántas veces al año se reunirán? Los bocadillos, las latas de Pepsi y las sillitas plegables se han convertido en un clásico enSemana Santa . / José Luis Montero Los bocadillos, las latas de Pepsi y las sillitas plegables se han convertido en un clásico enSemana Santa . / José Luis Montero Y después de eso, ¿qué más importa? Pues importa que los parques están rebosantes de gente, de pájaros. Al fin corre algo de fresco, tras una sobremesa de sol demasiado espeso, y las florecitas apiñadas dibujan en la verja un abrazo de colores. Un señor hace footing. Y un manojo de muchachos, sentados o tirados por el césped con todo su porte de piernas, melenas y flequillos, se carcajean y fingen que no se matarían entre ellos a besos. Desde el autobús, una señora (que parece la escultura de una señora), sentada de espaldas al conductor, los mira perpleja. En los barrios, las cafeterías tienen la deliciosa vidilla de las tardes de asueto. La ronda de Triana es una verbena, y la Carretera de Carmona, y Miraflores. Atardece y los vecinos recogen la ropa de los cordeles. Hay coches en doble fila, tiendas abiertas, paisanos esperando que el muñequito del semáforo se ponga verde camino de su casa, de sus cosas, de vuelta del dentista o de la droguería; las familias llevan a los chiquillos a los columpios y allí se comen su bolsita de pipas y charlan, mientras el sol cae y las cervecerías y los hogares comienzan a cargarse de esa vida de diario que todo el periodismo en pleno ha convenido en acordar que no es noticia. Hay más autobuses bufando en las paradas, más gente que se monta y que se apea. El río comienza a volverse azul, esmeralda y gris, como un gran pavo real, y las farolas de la O y de la Cartuja pronto le clavarán dorados puñales malayos. Ya no hay piragüistas, y dos muchachos cruzan la pasarela del monasterio con cañas de pescar. Los días cada vez son más largos y cálidos. Sevilla está preciosa. Es Semana Santa.

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