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Cosas que no hacer en una crisis

La crisis está aquí, y ya lo sabemos. Ahora tenemos que acostumbrarnos a vivir con menos, con menos consumo y menos alegrías. Con menos seguridad, sobre todo. Con más miedo a lo económico. Con más sombras en el futuro. Nos va a costar adaptarnos, porque con el tiempo hemos dado por normales y necesarias cosas que no lo son, que nunca lo han sido.

el 15 sep 2009 / 17:18 h.

La crisis está aquí, y ya lo sabemos. Ahora tenemos que acostumbrarnos a vivir con menos, con menos consumo y menos alegrías. Con menos seguridad, sobre todo. Con más miedo a lo económico. Con más sombras en el futuro. Nos va a costar adaptarnos, porque con el tiempo hemos dado por normales y necesarias cosas que no lo son, que nunca lo han sido.

Lo bueno es que veníamos de una época de derroche y locura consumista, con lo que mucho de lo que perdemos nunca lo hemos necesitado, en realidad. Adaptarnos a la crisis puede ser también la oportunidad para volver a la sensatez, y comportarnos como personas normales. En estas circunstancias sentimos que tenemos que prescindir de lo superfluo, lo que tiene sentido. El desafío es saber distinguir qué es lo innecesario y qué no lo es, qué sobra y qué falta.

Pero tendemos a ser especialmente crueles en nuestras decisiones, y nos encerramos en defender lo nuestro, nuestro nivel de vida, nuestro capricho, lo cercano e inmediato; olvidando que la crisis no hace sino agravar otro tipo de problemas, a los que tenemos que hacer frente. Lo están ya planteando algunos en temas ecológicos, pretendiendo que se retrasen los compromisos asumidos con el cambio climático. Otros lo hacen con la inmigración, cambiando nuestra política ahora que los trabajos que ocupaban los extranjeros escasean.

A las ONGs se les corta el suministro de subvenciones, o se les asfixia retrasando su financiación. Si hemos sido estúpidos cuando las vacas gordas, no era previsible que dejáramos de serlo cuando las flacas. La política migratoria tiene que ser muchas cosas, pero nunca puede dejar de ser justa y solidaria. Los problemas medioambientales no pueden esperar ni un minuto, porque probablemente ya es demasiado tarde.

Los servicios que prestan las ONG siguen siendo necesarios. Cuando las cosas se ponen difíciles, pensamos en estas políticas como lujos prescindibles en vez de cómo lo que verdaderamente son, artículos de primera necesidad, elementos fundamentales de la convivencia, las bases de un mundo mínimamente justo. No es el momento de ser egoístas, sino solidarios. No es el momento de ser cínicos, sino inteligentes. A más crisis, mayor ambición de ser justos, más decencia.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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