Cofradías

«Creo que mi sitio no está en el atril del pregón»

El próximo viernes se cumple el primer aniversario de su relevo al frente de la diócesis. El cardenal arzobispo emérito de Sevilla analiza desde su residencia en Madrid la más reciente actualidad de la Archidiócesis

el 29 oct 2010 / 20:08 h.

El viernes se cumple un año de su relevo en la diócesis.

-Dicen que la distancia es el olvido. ¿Sigue echando algo de menos de Sevilla?
-Han sido muchos años y muy intensos de convivencia. Sería una falta imperdonable que no recordara a diario, y con el reconocimiento en el Señor, a tantas gentes que me han ayudado a cumplir con la misión que el Santo Padre me había encomendado como arzobispo de esa importante diócesis. Sí tengo que decir que me acuerdo más de las personas que de los acontecimientos. Especialmente tengo un recuerdo lleno de afecto hacia los sacerdotes, por los que de una manera particular rezo todos los días.


-¿A qué le supieron los aplausos que le brindó el Estadio Olímpico durante la beatificación de Madre María de la Purísima?
-Fue un gesto de afecto que agradecí mucho. El momento no era el más adecuado, pues estábamos dentro de la plegaria eucarística. Aunque no hiciera ningún gesto por mi parte, pueden estar bien seguros de que lo agradecí y, en la oración de ese día rogué al Señor para que fuera Él quien pagara con su bendición a los que con tanta benevolencia me recibían.


-Por cierto, ¿qué pensó al ver a la Macarena presidiendo el altar de la beatificación?

-Al llegar al presbiterio, enseguida busqué con la mirada la imagen de María Santísima de la Esperanza Macarena. Sentí, cómo no, un poco de emoción. Han sido muchas las horas que he estado junto a esa querida imagen en su basílica y por las calles de Sevilla.


-¿Cómo ve ahora la diócesis de Sevilla desde la distancia?
-Como una Iglesia particular llena de vida. Compleja, pero amable. Con un lugar importante entre las diócesis españolas, tanto por su historia como por su dinamismo pastoral en la actualidad, que se manifiesta especialmente en las parroquias, en la acción de Caritas y en las distintas delegaciones pastorales. El juicio que yo pueda hacer sobre la diócesis de Sevilla nunca va a ser imparcial, pues es mucho el afecto y la gratitud que conservo hacia una iglesia a la que quiero profundamente.


-La pregunta hay que hacérsela. ¿Le preocupan los casos que han salido a la luz pública de sacerdotes sevillanos relacionados con temas sexuales?
-Estimo que el señor arzobispo, don Juan José, ha respondido con acierto y prontitud a esta pregunta. Estoy en comunión con él.


-Parece que su sucesor, monseñor Asenjo, ha tomado un nuevo rumbo en la relación entre la Iglesia y las cofradías marcada por criterios mucho más restrictivos a la hora de conceder salidas extraordinarias, coronaciones canónicas o aprobar nuevas hermandades en la nómina.
-Esta cuestión me la plantearon repetidamente en los primeros meses de mi estancia en Sevilla. Antes de decidir había que conocer y saber discernir los criterios más oportunos. Don Juan José lleva poco tiempo en la diócesis. Estoy seguro que dará las respuestas más convenientes a las Hermandades.


-¿Cómo debemos interpretar que en las misas que se celebran en la archidiócesis no se pida por el arzobispo emérito de Sevilla?
-Según las normas establecidas, en la plegaria eucarística se pide por el obispo de la diócesis y por sus obispos auxiliares, si los hubiere.


-¿Tiene usted ahora la sensación de ser un jarrón chino dentro de la Iglesia?
-No mucho. Aunque recuerdo una anécdota vivida en el patio de la casa de los Pinelo, cuando al hacer la fotografía, después de algún acto protocolario, me dijo uno de los académicos: póngase usted aquí en el centro, que un arzobispo es siempre algo muy decorativo.


-Ha sonado su nombre como pregonero. ¿Se ve ahora con capacidad para subirse al atril?
-En más de una ocasión me sugirieron la posibilidad de invitarme a ser el pregonero de la Semana Santa de Sevilla. Es un honor muy grande. Pero igual que entonces, creo que mi sitio no está en el atril del pregón de la Semana Santa de Sevilla.


-¿Participará usted de los actos de la Jornada Mundial de la Juventud? ¿Qué le parece que la Virgen de Regla de los Panaderos ponga el broche de oro del Viacrucis de la JMJ?
-Si Dios quiere, estaré junto al Santo Padre y a los jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud. Creo que será un momento muy emocionante cuando veamos aparecer a la Virgen de Regla en Madrid.


-¿Le quedó alguna asignatura pendiente en Sevilla?
-Siempre nos quedan asignaturas, si no pendientes, con una calificación que hubiéramos deseado más sobresaliente. La atención a los sacerdotes y el cuidado de las vocaciones, la pastoral familiar, la catequesis permanente, la acción caritativa y social... y un monasterio de monjes contemplativos.


-La calle con su nombre se le resiste. No creo que sea algo que le quite el sueño, ¿verdad?
-Gracias a Dios, nunca he tenido problemas de insomnio.

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