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Crisis interna. IU y el crimen perfecto

El crimen perfecto consiste, desde luego, en que la víctima tenga el detalle de suicidarse para ahorrar trabajo a sus asesinos. En el caso de Izquierda Unida en Andalucía parece que no sólo sus adversarios tienen una gana ubérrima de finiquitar dicho proyecto sino que desde el seno de la coalición se cortan...

el 16 sep 2009 / 08:36 h.

El crimen perfecto consiste, desde luego, en que la víctima tenga el detalle de suicidarse para ahorrar trabajo a sus asesinos. En el caso de Izquierda Unida en Andalucía parece que no sólo sus adversarios tienen una gana ubérrima de finiquitar dicho proyecto sino que desde el seno de la coalición se cortan las venas en vez de dejárselas largas. Un día, el PSOE abduce a Rosa Aguilar y como consecuencia, el PP puede hacerse con la Alcaldía de Córdoba.

Otro día, los antidisturbios reparten desproporcionadas dosis de jarabe de palo al sector Marinaleda durante unas movilizaciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores, pero lo único que le llega a la opinión pública es que son unos radicales. Y, por si fuera poco y en la misma semana, Jon Ander Sánchez, el delegado de Empleo del Ayuntamiento de Sevilla, dimite echando sapos y culebras contra Rodrigo Torrijos, el líder local: ¿querrá sustituirle como candidato? Demasiado pronto si hasta junio del año próximo no se conocerá al elegido.

Sin móvil aparente, la pasma lo tendría chungo a la hora de esclarecer el asesinato de IU. ¿A quién le interesa cargarse a la coalición? No parece que el PP fuera a sacar tajada, pues no es probable que haya un trasvase de votos similar al que puede suponerle la reciente desaparición parlamentaria del PA. Tampoco los socialistas ganan demasiado con su paso a mejor vida: el elector andaluz de IU puede pensar en el voto útil para ZP, pero no ocurre así en Andalucía donde, en todo caso, votarían por la abstención. ¿Y con quien pactará el PSOE en el supuesto de que le haga falta un socio para la próxima legislatura autonómica?

A Izquierda Unida le tira morir de sobredosis de sí misma. Al ser una coalición, tiene que poner de acuerdo a corrientes de pensamiento a veces tan atomizadas como los grupos palestinos de La vida de Brian; o a temperamentos antípodas como el de Diego Valderas o Sánchez Gordillo. Sin demasiado presupuesto, sin demasiado poder, sin demasiados voceros, los izquierdistas corren el riesgo de quedarse encerrados con el juguete de su soledad.

Si los comunistas fueron capaces de sobrevivir a una dictadura, sus herederos tienen la obligación, al menos, de sobrevivir en democracia a esta legislatura. La muerte política de IU como la de los andalucistas, mataría a una Andalucía ideológica que va más allá de un abierto de tenis entre PSOE y PP, eso que los pijos llaman bipartidismo. Habrá a quien le guste. Pero tiene mucho malange. Como para matarse.

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