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Cristiano Ronaldo 43, Sevilla 41

El luso lleva dos goles más en Liga, y diez en todas las competiciones, más que todo el equipo nervionense.

el 29 abr 2012 / 17:05 h.

Un dato lo dice todo. Cristiano Ronaldo, un superlativo jugador, con diferencias el segundo mejor del mundo, mortal a la contra, ultrafuerte, con un golpeo de balón único y con ciertas niñaterías que le convierten en objeto de las iras de cualquiera que no sea madridista. Enfrente, el Sevilla, un equipo con cositas pero timorato en ataque y blando en defensa y, pese a ello, con aspiraciones aún de entrar en el cuadro de honor de la Liga y pasearse por Europa la próxima temporada. Pues bien, el luso sumó en la matinal del Bernabéu su gol número 43 en Liga -57 en todas las competiciones-, el Sevilla se estancó en 41 el pasado sábado -47 contando con la Copa y el efímero paso por la Europa League-. Y para colmo, el oponente que los nervionenses le pusieron al gigante de Madeira era el más fácil de superar, un tal Coke, de Vallecas, que demostró definitivamente en el Bernabéu que su primera temporada en uno de los equipos, a priori, grandes de Primera se le está haciendo eterna.

El lateral derecho que llegó del Rayo Vallecano fue protagonista en los tres goles y exponente en ellos de tres de los cuatro pecados capitales que convirtieron un partido aseado del Sevilla en una goleada cómoda para el Real Madrid, que remató la presa que cazó definitivamente en el Camp Nou. En el primer gol, Coke se fue al suelo ante el previsible recorte de Cristiano, algo que Cala, que pasaba por allí, no fue capaz de prever. Uno: endeblez defensiva. En el segundo, el vallecano se cargó el partido con un despeje inocentón a la tibia de Benzemá. Dos: errores individuales negligentes. Y en el tercero fue víctima de una falta clarísima en el centro del campo que Mateu Lahoz se comió o no quiso pitar. Tres: favores arbitrales constantes al poderoso, una historia que cansa ya muchísimo.

Y cuatro: una falta de pegada alarmante. Desde que empezó la campaña, tanto Marcelino como Míchel se han escudado en mayor o menor medida en la falta de acierto. El equipo crea ocasiones, pero no las mete, y eso ante equipos como el Real Madrid es firmar tu propia sentencia de muerte. Le pasó en el partido de ida -¿se acuerdan de la de Del Moral?- y le ha vuelto a pasar en el de vuelta con cuatro acciones de las que no se pueden fallar. Y si eso fuera poco, la única que convierten acaba anulada por una de esas faltitas que sólo se pitan en campos como el Bernabéu y siempre a favor de los de blanco, claro.

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