Cultura

Cristina Lucas contra la tiranía del patriarcado

La artista jiennense muestra en Sevilla tres de sus más llamativas videocreaciones.

el 12 feb 2010 / 20:49 h.

Considerada como una de las creadoras más inquietas y sorprendentes de la última plástica española, Cristina Lucas (Jaén, 1973) ha sabido moverse por lenguajes diversos –dibujo, fotografía, instalación, vídeo– para articular un discurso tan rotundo como coherente, casi siempre orientado a cuestionar el poder y sus abusos, y sorprendiendo en todo caso por la frescura de sus planteamientos.


Desde esta semana, el espacio Iniciarte de Sevilla acoge una exposición de la artista integrada por tres vídeos de reciente producción reunidos bajo el rubro Letargo revolucionario. Se trata de Habla (2008), La liverté raissoné (2009) y Big Bang (2010).

En el primero de ellos, acaso el más conocido, Lucas se enfrenta a una reproducción del Moisés de Miguel Ángel armada con una maza. El encargo del papa Julio II a Buonarotti, un símbolo común a las tres grandes religiones monoteístas –judaísmo, islamismo y cristianismo–, es al mismo tiempo un emblema del patriarcado que la artista se dispone a demoler. El título refiere el modo en que Miguel Ángel se dirigió a su creación; Lucas, en cambio, interpela a la obra de arte, le exige explicaciones: ambos obtienen el mismo silencio.


La crítica se ha referido a esta pieza como una deconstrucción del patriarca, aunque por los golpes de Cristina Lucas tal vez cabría hablar de destrucción. Ella sonríe ante esta observación. “Es una deconstrucción razonada, porque en el fondo pretende volver a mirar algo que forma parte de nuestra cultura, tiene en cuenta su sentido histórico”, explica. “Atacar el Moisés forma parte, en cierto modo, del deseo de modelar algo nuevo. Y al final, no consigo hacer añicos la estatua, lo que viene a enseñarnos que no es tan fácil destruir un icono. Sí se puede, en cambio, repensar. Y confieso que para mí fue violento repensarlo [risas]”.


También funda Lucas sobre otras dos obras de arte, La libertad guiando al pueblo de Delacroix –cuyos personajes cobran vida en el proceso de revisión– y El origen del mundo de Courbet –visión parcial y pasiva del cuerpo femenino–, sus otras dos propuestas. “El hilo conductor de la muestra es hablar de conceptos que ya se han expresado antes en otras obras, e intentar dar a partir de ellas un nuevo golpe, un giro a su significado”, explica.  


Lucas participa de un feminismo que, según sus propias palabras, es a un tiempo “historicista y humanista. Creo que es inevitable preguntarse qué propicia las desigualdades de género, y cómo combatirlas. La raíz histórica del asunto está muy clara, y desde la Ilustración y la Revolución Francesa forma parte de la defensa de las libertades y de la igualdad. Feminista es cualquier persona de bien que comparta esa causa. No se trata más que de un concepto tajante, sencillo, sano y natural de lo que debe ser una sociedad democrática y racional. Lo contrario de la igualdad es el abuso de poder, y yo quiero analizar por qué se producen esos abusos”, agrega.


No obstante, perderá el tiempo quien busque en la obra de Lucas el mensaje explícito y elemental del panfleto. “Mi labor es hacer obras de arte, no política”, advierte. “Pero no puedo sustraerme al hecho de formar parte de una sociedad, de que me afecten e influyan sus conflictos”.

repensar lo de siempre

En este sentido, abundan en la producción de esta andaluza referencias a la institución patriarcal vinculada a la educación y a la religión. “Cohabitamos con esos tres elementos, y los tres son capaces de generar ciertos comportamientos e injusticias. También es muy difícil mantener una distancia con ellos que nos permita ver cómo y hasta qué punto propician desigualdades. Hay que saber diseccionar la rana para saber qué podemos cambiar. Es una operación compleja, pero vale la pena”.

En todo caso, desde su primera exposición individual, ¿Por qué pasas de mí? (La Fábrica, 2001), Lucas siempre echa mano del humor para contextualizar y potenciar su mensaje. “Es la mejor herramienta y la uso siempre que me es posible, ya sea para hablar de la guerra de Irak o para replantearse la relación con los padres de la filosofía occidental. Pero también es cierto que no siempre es posible emplearla”, subraya la premio Ojo Crítico de RNE.

¿Confía Cristina Lucas en el poder del arte para cambiar el mundo? Su respuesta es afirmativa, pero matizada: “Hay que ser modesto y aspirar a hacer lo que uno tenga a su alcance, lo que honestamente pueda hacer. Si la propia obra tiene efecto más allá de lo planteado, bendita sea; y si no, no puedes hacer más”, concluye.

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