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Crítica de Música: Artefactum

Centro Cultural Cajasol. 20 de diciembre. Programa: Concierto de Navidad de Artefactum. Ciclo: Cita con las Músicas.****

el 21 dic 2012 / 09:49 h.

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La Navidad de 2012 en Sevilla tiene un inequívoco sesgo visual de aire medieval. No hay más que pasear por la Alameda y ver que, la otrora ciudad de las personas, ahora lo es también de los camellos y ponis que allí son explotados a causa de una ocurrencia municipal. Por fortuna, de las pocas cosas que hay que conservar del medievo en el siglo XXI ya se encarga Artefactum, quienes anoche tuvieron ante sí a un nutrido auditorio en su ya tradicional concierto de Navidad.

Entre el público había quien afirmaba que, para ellos, este tiempo no lo prologa ni la lotería ni los villancicos de zambomba y tamboril, si no este puñado de trovadores que ayer, en un nuevo alarde de medida espontaneidad, se reinterpretaron a sí mismos. Comenzaron donde más les gusta estar, en la plaza, entre el pueblo, subrayando en la platea cómo más que posiblemente se cantaban sus músicas en el siglo XIII. Luego, en el escenario, Polorum Regina del Llivre Vermell se dulcificó merced al esmerado tañer de Juan Manuel Rubio. Pos que dos reys supone siempre uno de los mejores momentos en los que admirar la cohesión instrumental del grupo que, sin gratuitos alardes de virtuosismo, fue capaz de servir como escaparate en el que vibrar con el organetto de José Manuel Vaquero, la voz de Alberto Barea, los vientos de Ignacio Gil y la percusión, cada vez más estilizada, de Álvaro Garrido.

Con el concurso de tres solistas vocales del conjunto sevillano Quarti Toni, Stella nova, del Laudario de Cortona, encontró en este octeto de músicos una versión difícilmente superable. Y, por cierto, convendría señalar como látigo para descreídos que ni La Reverdie, ni el Newberry Consort han sido capaces de alcanzar tan palpitante ejecución. En buena medida, la suya fue una versión que podría ser la cara B de la grabada por el Ensemble Organum, otro mundo, fascinante sí, pero tan válido como el que propone Artefactum. El tradicional inglés Sweet song the virgin sung supuso un inesperado instante de cálido recogimiento y, en fin, en poco más de una hora, se logró auténticamente concitar ese espíritu navideño que precisa de bastante menos ruido y luminotecnia y bastante más de asequible y palpable belleza.

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