Cultura

Crítica: El valor de la cultura

el 16 oct 2009 / 20:38 h.

Ocho chicos ingleses, con una formación privilegiada, deben preparar un examen que decidirá su futuro académico. Éste es el punto de partida de esta obra, colmada de erudición, que cuestiona los diferentes modelos de educación a la vez que resalta la importancia de la figura del profesor en la conformación del ser humano adulto.

En ese sentido, su arranque remite al famoso club de los poetas muertos, pero su espíritu va mucho más allá. Y es que, con esta obra, Bennett se pregunta hasta qué punto las escuelas preparan a los jóvenes, a la par que denuncia el elitismo y falta de ética de las altas instancias académicas.

Para ello, frente a la figura del excéntrico profesor de Literatura que intenta, con métodos poco tradicionales, inculcar el auténtico valor de la cultura, triunfa un joven profesor que defiende el valor de la provocación por encima de la verdad o el conocimiento. Y para colmo, el viejo profesor cae en desgracia por una debilidad que, aunque humana y tolerada con inteligencia por sus alumnos, es tan deplorable como inexplicablemente estúpida.

Sin embargo, a pesar de toda esta crudeza, el autor imprime al texto un humor inglés tan fino que en todo momento el espectador sabe que está asistiendo a una comedia. Tal vez por eso Pou ha decidido otorgar a los personajes un perfil tópico que los distancia de la emoción que se desprende de sus conflictos.

Así, dibuja un personaje tan grotesco que no acaba de ser verosímil y opta por que los alumnos, más que por su interpretación, se definan por las palabras de sus instructores, quienes tampoco acaban de adquirir una personalidad concreta, excepto la veterana profesora a la que Maife Gil colma de humanidad con un gran dominio del oficio.

También la puesta en escena ahonda en el distanciamiento emocional con una continua disposición lineal del movimiento actoral y una escenografía y vestuario que, aunque impecables, se limitan a situar las coordenadas espacio-temporales. No obstante, el frenético ritmo, la música y la excelente iluminación de Pep Gámiz logran recrear un ambiente cálido y cercano.

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