Cultura

Cruce de aceros en la Sevilla barroca

Matilde Asensi sitúa la acción de su última novela en el siglo XVII hispalense

el 09 feb 2010 / 18:48 h.

Matilde Asensi posó ayer para la prensa con la Torre del Oro de fondo, que sirve de imagen de portada a su novela.
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Venganza en Sevilla (Planeta) es el título de la nueva novela de la escritora Matilde Asensi, continuación de la trilogía protagonizada por el personaje Martín Ojo de Plata, y cuyo escenario se desplaza en esta ocasión al siglo XVII, cuando la capital hispalense era "el Wall Street de la época, el centro del mundo", según dijo.

El tal Martín, como se descubrió en la primera entrega, Tierra firme, es una mujer llamada Catalina Solís que oculta su identidad bajo un disfraz masculino, y que en estas nuevas peripecias regresará a España para buscar a su padre adoptivo en la temible Cárcel Real de Sevilla.

Trenzando varios hilos argumentales, Asensi va describiendo la vida de la ciudad en aquella encrucijada histórica. "Cuando empecé a leer, no conectaba la picaresca y la miseria con el contexto del Imperio y del Nuevo Mundo. Al cruzar esos datos, me dije: ¿pero esto qué es? Esta ciudad, en la que se decidía la economía del mundo, estaba llena de gente pobre y desesperada".

El hecho de ser mujer no impide a Catalina empuñar la espada y batirse temerariamente en duelo en un vibrante episodio de este libro, entre otras cosas porque Matilde Asensi define lo que hace como "género de aventuras", y si alguien cede a la tentación de clasificarla en un subgénero de la novela histórica pide desterrar los prejuicios.

"Creo que hemos sido los periodistas los culpables de que la novela histórica sea casi una etiqueta peyorativa, y de que todavía se discuta sobre si está o no de moda", comenta Asensi, que cuenta según su editorial con cinco millones de lectores, tres de ellos en España. "Me preguntaban por eso hace diez años y todavía siguen preguntándomelo, es casi un lugar común. Mi opinión es que siempre ha estado de moda: los géneros siempre han estado ahí. ¿Saben ustedes cuántas reseñas hay en prensa de mi novela El último Catón? Ni una. Y se vendieron dos millones de ejemplares. Nadie creyó que valiera la pena hablar de ella", agrega.

Y aún va más allá al proclamar que estas lecturas consideradas menores por la crítica han contribuido a aumentar de un modo espectacular los índices de población lectora en España. "Hemos subido a un 54 por ciento, y eso es que algo ha pasado. Cuando me hablan de ‘este país en el que no se lee', yo pregunto de qué país hablamos, porque en el mío se lee, y mucho".

 

Sobre otra supuesta moda, la del siglo XVII, Asensi explica que "el primero que se ocupó de esto fue Arturo Pérez-Reverte con su Alatriste, luego yo y por último esta serie, Águila roja. ¿Por qué este interés? Puede que porque en el colegio nos enseñan mal casi todo, la Literatura y la Historia, con verdades que ni siquiera son tales. Nosotros proponemos un enfoque diferente".

Como le sucede en todas sus novelas, Asensi siguió el rito de "practicar una de mis aficiones favoritas, que es salir a comprar libros. Adquirí todo lo que hubiera sobre la época, me lo leí y todo y conforme iba leyendo, iba la novela tomando forma en mi cabeza", recuerda. También pasó sus buenas jornadas de trabajo en el Archivo General de Indias, donde "sobre todo consulté material cartográfico para tener ubicada toda la Sevilla de la época. Por último, Enriqueta Vila me prestó toda la información sobre compradores de oro y plata".

Sobre el lenguaje utilizado en Venganza en Sevilla, la alicantina explica que no podía remedar fielmente el lenguaje del Siglo de Oro, "porque cuando lees cosas del Quijote o del Guzmán de Alfarache, a la quinta página ya estás parando y diciendo ‘¿pero qué he leído? Ya me he vuelto a perder'. Yo cojo ese lenguaje, me impregno de él y lo suavizo. Y aun cuando no aporte nada al lector, tiene como objeto transportarle en el tiempo, dar aroma y color a la narración".

Interrogada acerca de una posible adaptación al cine de su obra, Asensi aseguró que ha rechazado todas las ofertas de compra de derechos porque "tengo miedo de que destrocen mis novelas", apostilla.

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