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Cuando Atarazanas miraba a Iberomérica

el 18 nov 2012 / 20:53 h.

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Las Reales Atarazanas tuvieron vida antes de la Caixa, albergando exposiciones, representaciones teatrales y todo tipo de actividades.
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Por mucho que se polemice y que los dirigentes políticos se crucen acusaciones, las Reales Atarazanas de Sevilla ya no albergarán un Caixafórum. Este monumento, y por lo tanto la ciudad, han perdido una inversión mínima de 25 millones de euros. Los servicios jurídicos de la administración autonómica escudriñan estos días el convenio de cesión del inmueble durante 75 años firmado en 2009 con la entidad financiera, tratando de encontrar algún resquicio legal para reclamarle responsabilidades por haber roto unilateralmente lo pactado, si bien ya ha transcurrido una semana sin noticias en este sentido.

Este periódico, que ha solicitado en repetidas ocasiones a la consejería el convenio, que por definición debería ser público, ante la negativa del departamento que dirige LucianoAlonso ha contactado con algunas de las personas que lo negociaron en 2009 para conocer si se incluyeron cláusulas que contemplaran esta posibilidad. Las fuentes consultadas indican que este caso se deberá atener a la legislación general, es decir, dependerá de lo que alegue formalmente la Caixa para desistir en la cesión del inmueble, puesto que en su día no se incluyeron salvaguardas específicas, ya que nadie desconfiaba de una caja que parecía tan solvente como la catalana, ni de las intenciones de llevar a cabo su proyecto.

Ahora, cuando el futuro de las Atarazanas vuelven al centro del debate, conviene recordar que antes de que apareciera en escena la entidad financiera, allá por 2007, Cultura, que venía dando uso al antiguo astillero sevillano como sede de exposiciones y representaciones teatrales, ya se había decantado por un proyecto definitivo, a cargo del abogado Jerónimo Páez, presidente entonces de la Fundación Legado Andalusí, de la Junta.

Su idea perseguía la creación de un Museo de la Cultura Iberoamericana con una colección temática permanente, una mediateca, una sala de muestras temporales, otra multiusos, zonas de talleres, sala de cine y área administrativa. La pretensión era hacer uso de las dos plantas de las Atarazanas, abarcando en total más de 10.000 metros cuadrados.
Jerónimo Páez, que fue comisario de la memorable exposición sobre Ibn Jaldún, pretendía hacer de este monumento el corazón de una futura Commonwealth iberoamericana, devolviendo a Sevilla la condición de metrópoli.

Esta ambiciosa iniciativa, que se comparaba con el Instituto del Mundo Árabe en París, iba mucho más allá del edificio, englobabando aspectos diplomáticos. Incluía un plan de vertebración de las naciones iberoamericanas que precisaba de la implicación de sus gobiernos. De hecho, se pretendía aprovechar el carácter internacional de esta idea para captar fondos económicos para la rehabilitación del conjunto.

El proyecto tenía una segunda fase, en la que se pondría en marcha una Unión Iberoamericana, construyendo para ello un nuevo edificio en la Cartuja o Los Remedios, que albergaría el Centro de Convenciones de las Naciones Unidas Iberoamericanas, destinado a convertirse en un intento de ONU para estos países, que funcionaría como órgano político supranacional, con subsedes en otras naciones. Para esta ingente empresa, se contaba también con el Museo de América y la Casa de América en Madrid, La Rábida y La Universidad Internacional de Andalucía, el Archivo general de Indias y la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla.

Páez llegó a lograr el respaldo de la Junta y el visto bueno del Ministerio de Exteriores del Gobierno central, si bien tuvo que rivalizar con otra idea mucho más localista, avalada en este caso por el Ayuntamiento –en pleno–, la capitaneada por la Plataforma Pro-Museo Atarazanas (luego fundación), que reclamaba un museo naval y del río.

Después de muchos enfrentamientos, y tras un encuentro para debatir sobre el futuro del astillero, los responsables de ambas propuestas, Páez y José Martínez (representante de la plataforma) acordaron fusionar ambos proyectos, puesto que no eran incompatibles, ya que Sevilla fue puerta deAmérica a través de la navegación y de su río.Sin embargo, la irrupción de la Caixa en 2008 con una propuesta que implicaba menos esfuerzos y que resolvía sin coste para la administración la rehabilitación de las Atarazanas llevó a la Junta de Andalucía a decantarse finalmente por entregar el monumento sevillano a la entidad catalana.

El Correo de Andalucía se ha puesto en contacto con Jerónimo Páez, alejado desde hace años de la administración autonómica –en parte, por el plante que la Junta dio a su plan para las Atarazanas– para conocer su opinión sobre la decisión de La Caixa de llevarse su centro cultural a la Torre Pelli y saber si estaría dispuesto a retomar su propuesta iberoamericana. Páez, que dijo que desconocía la noticia, prefirió no hacer valoraciones. Ya ha pasado página.

La pérdida de aquella propuesta no levantó tanta polvareda como el fiasco catalán, aunque con la perspectiva del tiempo y de los hechos, queda demostrado que la solvencia de un proyecto no sólo se puede medir en números, porque estos, especialmente cuando los manejan los bancos, a veces fallan.

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