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Cuando Burkina empieza en Sevilla

Dos malas noticias el mismo día. El martes, mientras sus amigos despedían, en el tanatorio sevillano de San Jerónimo, a Reyes García de Castro, la Junta de Andalucía le daba nuevas largas a la Ley de Inclusión Social...

el 16 sep 2009 / 08:12 h.

Dos malas noticias el mismo día. El martes, mientras sus amigos despedían, en el tanatorio sevillano de San Jerónimo, a Reyes García de Castro, la Junta de Andalucía le daba nuevas largas a la Ley de Inclusión Social; que acumula de cinco a nueve años de retraso según quien haga las cuentas y que no llegará al Parlamento de Andalucía hasta enero, sin un mínimo lugar al sol en los presupuestos autonómicos de 2010.

Reyes viajó del tercer mundo al cuarto: tras ejercer como profesora en una misión de Burkina Faso, regresó a Andalucía para crear Sevilla Acoge en 1985, asumiendo su presidencia hasta que en 2007 fue sustituida por Omar El Hartiti. A ella y a sus cómplices, debemos en gran medida que Andalucía sea identificada a grandes rasgos como una tierra solidaria.

A su funeral, asistieron algunos cargos públicos pero no hubo grandes pompas oficiales. Quizá, en cualquier caso, el mejor homenaje que se le podría tributar quizá fuera el de ir más allá de la ampliación del fondo para el salario social, que acaba de elevarse en 19 millones de euros y que podría alcanzar nuevos incrementos en los próximos meses: en la Casa Rosa temen que sacar adelante la Ley de Inclusión supondría un coste presupuestario que la actual crisis no permite desembolsar. No lo creen así en la propia consejería de Igualdad, o en las delegaciones municipales de Servicios Sociales que suponen la primera trinchera ante el crack.

Si en plena caída del empleo, con la economía sumergida a rebosar y una bolsa de casi cinco andaluces por cada cien en los territorios sombríos de la pobreza severa, no se saca adelante la Ley de Inclusión, ¿a cuándo vamos a esperar? ¿Por qué le tenemos tanto miedo a las palabras? ¿Por qué no convertimos el ingreso mínimo de solidaridad o salario social de una vez por todas en renta básica, esto es, en un derecho fundamental y no en una limosnita por el amor de Dios o de Papá Estado? ¿Por qué seguimos dejando fuera de cacho a los individuos por sí mismos y no contemplados obligatoriamente bajo la unidad familiar¿ ¿Y a los inmigrantes, cuando en época de vacas gordas han trabajado codo a codo con los demás andaluces?

En las calles andaluzas y del resto del país, está sonando un SOS. En ese naufragio social, ya no sólo caben los sin techo de siempre y los marginados de nunca jamás. Gente corriente frecuenta los comedores sociales, porque todos los meses les toca subir el Alpe d´Huez de la cuesta de enero. Quizá por eso, Reyes García, veinticuatro años hace, comprendió que Burkina Faso comenzaba en Sevilla.

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