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Cuando el absurdo es norma

Parece ser que al final la gente se está dando cuenta de los disparates a que está conduciendo la correcta aplicación de una normativa tan aplaudida por sectores que se califican como paladines de la progresía de moda y que otros sectores, mayoritarios pero condenados a la censura mediática por ser contrarios a la dictadura de lo políticamente correcto...

el 16 sep 2009 / 01:31 h.

Parece ser que al final la gente se está dando cuenta de los disparates a que está conduciendo la correcta aplicación de una normativa tan aplaudida por sectores que se califican como paladines de la progresía de moda y que otros sectores, mayoritarios pero condenados a la censura mediática por ser contrarios a la dictadura de lo políticamente correcto, vienen denunciando, puesto que se están ocasionando unos resultados incomprensibles y contrarios al sabio sentido común popular, al margen de producir efectos nocivos y perversos al causar evidentes perjuicios precisamente a aquellos colectivos que se pretendía dotar de mayores dosis de protección y ser origen de una nueva desigualdad de género consagrada por ministerio de ley y con carácter general e indiscriminado.

Un disparate, la condena de alejamiento de una madre respecto de su hijo por haberse extralimitado al darle una bofetada, se ha podido corregir por vía de indulto, lo que constituye el fracaso total de una reforma pensada para proteger a los menores de unos padres tachados de maltratadores cuando reprenden a sus hijos porque tienen vedado el derecho de corregirles, ni siquiera, moderadamente.

Se produce el homicidio de un homosexual por parte de su marido, persona del mismo género, y ello no constituye un acto de violencia en el ámbito doméstico, porque se ha de saber que no existe previsión legal de ese tipo de violencia, habiéndose sólo arbitrado la cobertura especial, con jurisdicción exclusiva incluida, de las mujeres, discriminadas por el mero hecho de serlo en las relaciones de pareja. Al final, por tanto, parece que la realidad se está imponiendo a la ideología de quienes parecen vivir en el convencimiento y la confianza de que la sociedad se encuentra lo suficientemente aborregada y adoctrinada. Cierto, pero no ciega.

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