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Cuando el aire se corta

El Polígono Sur es un universo donde se percibe la teoría del caos: si una mariposa bate las alas en las Tres Mil, se desencadena un huracán en el Polígono.

el 16 sep 2009 / 01:29 h.

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D. Cela / I. Comesaña

El Polígono Sur es un universo social en sí mismo donde se percibe, mejor que en ninguna parte, la teoría del caos: si una mariposa bate las alas en las Tres Mil, se desencadena un huracán en el Polígono. Esto puede ocurrir cualquier día en un barrio donde conviven planes de regeneración social con la venta de drogas y armas, y sucedió hace 19 días, cuando un joven murió de un tiro y provocó el destierro precipitado de 300 personas que huyeron temiendo por sus vidas.

En estas tres semanas, esta teoría del caos se ha reeditado: el Comisionado y la Junta vieron la oportunidad para precintar los pisos que dejaron las familias al salir en desbandada, poniendo fin a una situación de inseguridad que duraba cinco años. Desde el principio dieron por hecho que nunca volverían, porque nunca debieron instalarse allí. Y desde entonces, las administraciones se han centrado en apaciguar la guerra entre familias, aparcando el hecho de que los colegios y algunas entidades sociales también llevaban cinco años trabajando con las familias, y creían que algunas eran recuperables.

Pero también ocurrió que entidades muy críticas con Maeztu por no atajar la inseguridad han respaldado una medida urbanística contundente, que los propios vecinos también aplauden.

Un grupo de maestros de tres colegios del Polígono Sur y media docena de entidades sociales se rebelaron acusando a Comisionado, Junta y Ayuntamiento de haberse centrado en los pisos sin prever una solución social, sanitaria y educativa para las familias. Durante 19 días, 150 menores -incluidas chicas embarazadas- han estado viviendo en la calle, durmiendo a la intemperie.

Un colegio, el Andalucía, solicitó una cita con Jesús Maeztu el Viernes Santo, sin respuesta. A principios de semana, profesores y ONG quisieron plasmar su malestar en un manifiesto inusualmente duro que cargaba contra los responsables del plan integral. "Desastre social y humanitario en el Polígono Sur", rezaba. Los autores trataban de consensuar el escrito definitivo para entergarlo el lunes, pero la primera versión le llegó antes de tiempo a Maeztu, provocando otra sacudida y muchos contactos para evitar que la situación se saliera de madre.

Por su parte, vecinos que vivían en las plazoletas afectadas se congratulaban: "Por primera vez en cinco años he podido abrir las ventanas", decía una vecina del conjunto 8, donde vivían muchos caracoleños. Otra insistía: "Aquí no van a volver, es que no los vamos a dejar. Bastante tiene este barrio, bastante estamos trabajando para que venga gente con droga y armas que no quiere que las cosas mejoren". "A ver si ahora cuando adjudiquen otra vez los pisos nos toca un poco de todo ¿no? -le decía una mujer al propio Maeztu-. No digo que sólo vengan buenos, pero con que no vengan sólo malos...".

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