Veraneando

Cuando el jazz se alía con el swing

El concierto, dentro de la programación del Festival de Jazz, colgó el cartel de no hay entradas para la noche del pasado sábado en El Baluarte de la Candelaria

el 04 ago 2014 / 10:00 h.

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Javiér Ortí, compenente de Andalucía Big Band en un solo de saxo. Foto: Laura López Javiér Ortí, compenente de Andalucía Big Band en un solo de saxo. Foto: Laura LópezEl reloj rozaba las 22.45 horas cuando el genial elenco de músicos que componen Andalucía Big Band se posicionaba sobre el escenario del Baluarte de la Candelaria para ofrecer un concierto a caballo entre el jazz y el swing bajo la dirección del artista neoyorquino Bob Sands. La música no iba a ser el único juego de la noche, pues el espectáculo estuvo acompañado por los incesantes bailes de swing de Samuel Rigal sobre el escenario y fuera de él. Bob Sands es un tipo misterioso, con un amplio bagaje musical. Desde hace más de 20 años vive en España donde compagina múltiples proyectos musicales con su trío, cuarteto y The Bob Sands Big Band, su labor de profesor de armonía de jazz y director de Big Band en Musikene en San Sebastián. Este es uno de esos proyectos que rinde tributo a clásicos del panorama jazzístico internacional acompañado por la formación sevillana que está compuesta por un total de 17 músicos. A los vientos un saxo alto, saxo tenor y saxo baritono junto a las trompetas y el trombón. En la sección rítmica, piano, guitarra, contrabajo y batería. Con esta suma de elementos y el cartel de no hay entradas la noche pretendía convertirse en una cita inolvidable. La fuerza brutal de temas de Milt Jackson, Duke Ellington y Count Basie protagonizaron la velada para fundirse con el hipnotizador movimiento del bailarín Samuel Rigal que claqueó y llenó de frescura el escenario. Duke Ellington decía que el swing es el sentimiento esencial que debe tener todo buen músico de jazz y todo buen oyente de dicha música. Es ese sentimiento arrollador que nutre al jazz, es una forma de vivir la música que quedó perfectamente plasmado en la figura de Rigal, que contoneó todo su cuerpo y deleitó al público asistente con sus movimientos de lindy hop. El bailarín Samuel Rigal. Foto: Laura López El bailarín Samuel Rigal. Foto: Laura López El inicio absolutamente evocador de una melodía de Milt Jackson presagiaba lo que sería el resto del concierto. Lipi Calvo, Javier Ortíz y Ernesto Naranjo a la trompeta, el saxo y el piano protagonizaron este arranque sonoro. Sammy Nestico y Queen Bee, Duke Ellington, presente en temas como In a mellow tone, Main Stem o Isfahan, protagonizado por el saxo de Pedro Cortejosa; o eternos clásicos de Count Basie en Cornet Pocket o Freckle Face con la excelente trompeta de Alejandra Artiel fueron algunos de los más de diez temas interpretados por este conjunto musical. Y cuando parecía que todo había concluido, Bob Sands decidió que aún podía sorprender con algo más e hizo sonar Wind Machine de Duke Ellington. Es un viaje histórico a los años 30 y 40, la era de las Big Bands, o grandes orquestas, que dominaron la música popular en Nueva York donde abundaron auténticos templos para los aficionados al jazz y artistas que querían lograr la fama.

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