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Cuando el riesgo es colocarse

Dos copazos a las siete y media de la mañana, para coger pulso, y media litrona tres horas después para empujar el desayuno. Ésta es la liturgia que parte de la clase trabajadora oficia cada mañana, de forma bien visible y desde tiempos inmemoriales, por los bares, los poyetes y los cajones de obra de Sevilla.

el 15 sep 2009 / 16:46 h.

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Dos copazos a las siete y media de la mañana, para coger pulso, y media litrona tres horas después para empujar el desayuno. Ésta es la liturgia que parte de la clase trabajadora oficia cada mañana, de forma bien visible y desde tiempos inmemoriales, por los bares, los poyetes y los cajones de obra de Sevilla. El reciente planteamiento de que esto es un serio problema arrojaba esta semana un dato estadístico escalofriante: un tercio de los accidentes laborales son por culpa del alcohol y las drogas. Ayer, albañiles, transportistas y vecinos en general consultados al efecto reconocían que el problema existe, pero como excepción a la regla y en un grado muchísimo menos alarmante de lo que ese porcentaje da a entender.

"Los trabajadores se toman su copazo. Pero de siempre, no de ahora", dice Paco, el encargado de la cervecería adonde va a desayunar medio Polígono Store. "Ahora es cuando se está hablando del tema, pero hoy por hoy yo no veo que sea un peligro". Como para darle la razón, una empleada de La Trattoria arrastra con el escobón, por el lado de los clientes, docenas y docenas de sobrecitos vacíos de azúcar que certifican cuál es el desayuno por excelencia de los mecánicos, transportistas, albañiles y operarios en general.

"Yo no he visto nunca a ninguno de esos profesionales colocados o borrachos", confirma, cien metros más allá, Bienvenida Elena Guerrero, responsable de la gasolinera de Cepsa que engancha el Polígono Store con la Ronda Norte. Carlos Blanco, encargado del taller de chapa y pintura Caire Motor, suscribe milimétricamente sus palabras: habrá quien se drogue o se emborrache en el trabajo, pero el todavía no lo ha visto.

Llegados a este punto, daba la impresión de que se hacían buenas las palabras que ayer mismo pronunciaba el secretario general de CCOO, Rafael Fernández, al poner en duda las cifras que el Servicio de Patología Forense había hecho públicas el día anterior. Fernández calificaba ese 30% como algo "coyuntural" y recomendaba a todo el mundo, especialmente a los aficionados a los números, explicar qué hace un trabajador echando "hasta ochenta horas" a la semana en una obra. Lo cual, en su opinión, sí que es motivo de accidente. O dicho por él mismo: "Si se produce una caída en altura es porque no están instaladas las líneas de vida, no porque alguien se haya tomado una caña". En fin, un informe "muy desacertado", el de los forenses: "No se puede decir que el hecho de que España tenga uno de los mayores índices de siniestralidad sea porque los trabajadores vayan borrachos o drogados a los trabajos." Es la antítesis de lo que ha venido defendiendo el presidente de la patronal sevillana de la construcción (Gaesco), Miguel Rus, que lleva meses pidiendo que se controle el consumo de drogas y alcohol en el tajo.

Hay que estar muy sobrio para salir indemne del Polígono Store y otros similares. Pero fuera de allí se oyen comentarios a modo de término medio entre ambas posturas: "Yo estoy harto de ver al que empieza con una copa a las doce del mediodía y se toma la cuarta a las tres de la tarde, mientras va con la furgoneta repartiendo por los bares", dice Juan Francisco Payo, transportista, mientras recarga máquinas de vending en Sevilla Este. "A algunos les han quitado tres veces el carné".

Aun así, si tuviese que anteponer una causa de entre las muchas que provocan los accidentes laborales, "diría que los despistes". Lo mismo que Antonio José Molina, que está tirando un cuarto de baño e instalando otro nuevo unas cuantas casas más abajo: "A muchos trabajadores no hay quien les quite el hábito de beber. Yo no bebo, pero hay compañeros que lo hacen, y mucho. Pero no en este trabajo: en todos. Lo que pasa es que cuando uno se emborracha y se tropieza, lo mismo no es que ocurra en una oficina que en lo alto de un andamio."

"Yo no estoy de acuerdo con esa estadística", exclama Juan García, encargado de la inmensa obra que ocupa media avenida de Emilio Lemos. "Las obras tienen muchos riesgos y el alcohol no es el peor de todos. Y desde luego los que consumen esas sustancias no son ni mucho menos una mayoría".

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