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Cuando Juan Manuel no escuchó a Diego

Al contrario que en Extremadura, IU no quiere servir en bandeja de plata la Presidencia de la Junta al PP.

el 08 abr 2012 / 18:55 h.

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Hasta tres días antes de que finalizara la campaña de las elecciones del 25-M, Diego Valderas y Juan Manuel Sánchez Gordillo no habían coincidido en un mitin. Problemas de agenda, dijeron. Pero lo cierto es que el alcalde de Marinaleda despierta tantas filias como fobias y en plena batalla por convencer al votante socialista desencantado, la figura de Sánchez Gordillo no era precisamente la mejor carta de presentación. Aquel día el candidato de IU a la Presidencia de la Junta de Andalucía y el cabeza de lista por Sevilla atizaron a PP y PSOE, arremetieron contra las políticas de derechas, lamentaron la traición de los socialistas al Estatuto de autonomía, denunciaron el escándalo de los ERE y, como siempre, llamaron contra el bipartidismo. Las críticas se repartieron por igual a izquierda y a derecha. Tan lejano resultaba un pacto entre PSOE e IU como que los comunistas permitieran gobernar al PP en Andalucía. Sin embargo, tras la finalización de aquel mitin lo primero parecía más probable que lo segundo. Lo insinuó el coordinador general de la formación, Cayo Lara: "Hay que ser coherente con lo que decimos que vamos a hacer y hacerlo. Es la única forma que tenemos de que crean en nosotros". Pero más claro, sin anticipar nada, fue el propio Valderas: "¡Si el pueblo nos dice que gana esta izquierda, será para hacer políticas de izquierdas! Juan Manuel y yo hemos hablado". Pero Juan Manuel no ha escuchado.

Desde el mismo momento que se confirmó que Arenas no obtendría la mayoría absoluta, se ha dado por descontado que IU apoyará al PSOE evitando, por tanto, servir en bandeja de plata la Presidencia de la Junta "a la derecha". La coalición de izquierdas no está dispuesta a repetir el caso de Extremadura, una decisión que le costó un aluvión de críticas. Sobre la mesa lo que está en discusión es cómo se traducirá ese respaldo: un gobierno conjunto, un pacto de legislatura o simplemente acuerdos puntuales. Lo que nadie pone en duda es la oposición del alcalde de Marinaleda a cualquier alianza con José Antonio Griñán.

Sánchez Gordillo siente la misma antipatía hacia el PP que hacia el PSOE, a unos los llama diablos azules y a otros diablos rojos (un sentimiento recíproco, por otro lado). Por eso no sorprende que ya haya amenazado con una "escisión" dentro del grupo parlamentario de IU si se alcanza un acuerdo con los diablos rojos, según su propia terminología. El diputado habla en nombre del CUT-BAI, una de las facciones que conforman el maremágnum que hoy por hoy es Izquierda Unida. Es el ala más dura. La extrema izquierda o radical, según la terminología de Intereconomía. El CUT-BAI tiene un especial predicamento en la Sierra Sur y la Campiña sevillana. Esos son sus dominios y fue allí donde Sánchez Gordillo y el líder del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), Diego Cañamero, comenzaron a alentar el pasado Jueves Santo el ‘no' contra los socialistas. Hasta 34 asambleas de las bases de IU se reunieron en Paradas para promover el rechazo al acuerdo de gobierno. Un encuentro que fue inmediatamente respondido por otros miembros de otras facciones. Así, el vicesecretario general del PCA, el sector mayoritario, Juan de Dios Villanueva, negó que exista la posibilidad de dejar gobernar al PP. ¿Cómo se entendería que se permitiera a Arenas ser presidente andaluz mientras en Madrid se critica la reforma laboral y los recortes de Rajoy? La división está servida. Pero Valderas asegura que no le "quita el sueño" la posición de Gordillo y sus afines. Los magníficos resultados obtenidos (ha pasado de contar con seis diputados a 12) el 25-M le permiten estar por ahora tranquilo y sereno.

Pero todo este ruido alrededor de la negociación de gobierno no es lo más propicio. Este tipo de acuerdos siempre son complejos y éste no va a ser menos. PSOE e IU mantienen grandes diferencias, algunas muy acentuadas, y la coyuntura económica tampoco va a ayudar. La semana pasada, en su primer encuentro, no hubo grandes avances, pero ambos partidos marcaron sus líneas rojas: la lucha contra el paro y los recortes sociales. No podía ser de otra forma viniendo de dos partidos que se consideran de izquierdas. Pero no va a ser fácil mantener ambos compromisos. El primero porque la economía continúa sin dar síntomas de recuperación y así es muy difícil crear puestos de trabajo. Y lo segundo porque los Presupuestos del Gobierno central para 2012 atan de pies y manos al próximo Ejecutivo andaluz.

Esta semana continúan las negociaciones, se aclarará cuál es la fórmula elegida para formar gobierno y hasta dónde llega la amenaza de Gordillo.

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