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Cuando la crisis es rutina

Faltan unos minutos para el mediodía y en el patio del número 34 de Pagés del Corro, en Sevilla, ya se ha formado una cola. Dan las doce y empiezan a entrar ordenadamente las alrededor de 200 personas que, cada día, reciben un plato de comida caliente y un bocadillo para la cena.

el 15 sep 2009 / 18:25 h.

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Faltan unos minutos para el mediodía y en el patio del número 34 de Pagés del Corro, en Sevilla, ya se ha formado una cola. Dan las doce y empiezan a entrar ordenadamente las alrededor de 200 personas que, cada día, reciben un plato de comida caliente y un bocadillo para la cena. Recitan un número, el de la ficha que el comedor social de las Hermanas de la Caridad abre a todos los que pasan por allí. "Tenemos una base de datos y sabemos quién lleva años viniendo, quién vino hace tiempo y ahora ha vuelto o quién viene por primera vez", explican los voluntarios entre saludos a unos y preguntas a otros por sus hijos. Los niños no entran para evitar contagios de enfermedades, aunque intentan dar a sus padres comida para ellos. "Hay un núcleo habitual, pero la mayoría vienen unos días y desaparecen o se mantienen dos o tres meses", relatan.

También entre ellos se saludan: "Luego vamos a escuchar música a la estación", difunde un joven que no se desprende de su radiocassette. Alguno sólo viene a recoger el bocadillo. "¿Por qué no pasas a comer y te llevas el bocadillo para la cena?", le dicen. "Tengo cita en Andalucía Orienta", responde.

Es el día a día de un comedor fundado en 1904 -la congregación tiene otro en el Pumarejo-, que también ofrece duchas, ropero y economato, donde se compra con vales dados por las parroquias. Para su directora, sor María del Carmen, no hay novedad y le disgusta que desde hace un tiempo le hagan las mismas preguntas: "Sí, viene más gente, pero no sé si son familias ni si se han quedado en paro hace poco o por qué han llegado aquí. Nosotros no preguntamos", responde con desgana.

Si hay un perfil dominante entre los usuarios es el de inmigrantes. El albergue municipal de Huelva tiene 15 plazas para alojar, con comida, durante tres días a personas necesitadas, a las que también ofrece ropa, ducha y orientación sobre las ayudas disponibles. La trabajadora social, Ana Yáñez, explica que sirve de "paso" a inmigrantes atraídos por las campañas agrícolas. "Antes les resultaba más fácil encontrar trabajo y va llegando gente que tenía empleo pero sin contrato y sin estabilidad familiar. Los españoles son los habituales, personas excluidas que van de albergue en albergue", dice. En Huelva está además el comedor Virgen de la Cinta y uno de la Iglesia Evangélica. El consistorio da ayudas para alquilar o buscar viviendas compartidas.

Ayuntamientos, ONG e Iglesia se reparten la asistencia social. En Málaga, el centro de acogida municipal tiene 150 plazas y cada día da comida y cena a 300 personas. "Los alojados son fundamentalmente enfermos mentales pero a comer va gente con pensiones no contributivas que si antes acudían a partir del 18 del mes, cuando se quedaban sin dinero, ahora llegan desde el día 4", explica la edil de bienestar social María Victoria Romero. Existe además el comedor benéfico de Santo Domingo y los servicios sociales ubicados en los barrios dan ayudas puntuales para "familias a las que la crisis ha dejado sin trabajo y con deudas".

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