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Cuando la fiesta es estar viva

María y Luisa han conseguido dejar el tiempo de las humillaciones.

el 24 nov 2009 / 20:08 h.

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A una la llaman la mal casada, porque un día plantó cara a las marcas que no se veían pero que la hacían envejecer cada día. A otra todavía la siguen sin creer familia y amigos. La primera es gitana y ronda la treintena. A la segunda, universitaria, tras más de 30 años de maltrato, le queda ahora la secuela de la inseguridad y los restos de la humillación. El maltrato las iguala aún más que por ser mujeres y demuestra que para la violencia machista sólo tiene que darse la triste coincidencia de dar con un hombre que se crea superior.

María se casó muy joven, en plena adolescencia. Antes de los 15 años tenía dos hijos y moratones cuidadosamente ocultos a los ojos de su familia. "Tuve la suerte de que la gente no se calló y las palizas llegaron a oídos de mis padres, que me sacaron corriendo de esa casa. Si no hubieran hablado ellos, probablemente yo seguiría con mi marido". Contra la costumbre de que las mujeres gitanas aguantan más los dictámenes de los esposos, ella sacó los pies del tiesto. El precio: "Tuve que exiliarme de mi pueblo y quedarme nueve meses encerrada en una casa. No sólo me quería matar mi marido, tenía detrás a toda su familia". María recibió el primer golpe a los 15 días de convivencia y antes del matrimonio.

Luisa conoció al hombre con el que todavía está casada -"Estoy pendiente de los papeles del divorcio"- con 14 años y "no he vuelto a estar con otro". Ahora tiene 47. Ella estudió, pero nunca llegó a ejercer la carrera. "Él no me lo prohibió, pero yo fui tonta y preferí quedarme a cuidar de la casa y de mi hijo". Al principio la historia de maltrato empezó con insultos, con humillaciones, "un día me dió una bofetada y ya después de eso no paró". "Mi familia lo adoraba, menos mi padre, que nunca se fió de él. No se llegaron a creer lo que pasaba en mi casa hasta que mi hermana vio como me daba un puñetazo por debajo de la mesa. Aún así, todavía hay quien lo justifica". Luisa desarrolló una fórmula para evadirse del dolor de las palizas: "Dejaba a mi niño en el colegio y empezaba a beber hasta que caía rendida. Ya ni se me notaban las borracheras". Hoy trata de recuperarse de ese daño colateral y él todavía va contando que las denuncias de Luisa "son fruto de mis delirios de alcohólica".

María denunció, ingresó en un centro para mujeres maltratadas y, aunque pensaba que nunca saldría adelante, hoy es una mujer felizmente casada. "Entre los gitanos, algunos me llaman mal casada porque ya lo estuve antes y no dan por válido mi actual matrimonio, cuando es realmente ahora cuando estoy casada y bien casada de verdad, con un hombre que me lo da todo y que tuvo que aguantar la rebeldía con la que yo venía tras el palo de mi primer marido".

Luisa también denunció pero retiró la demanda unos meses después. Por pena. "Me han advertido en el juzgado que al final siempre reinciden y que a veces la mujer no tiene oportunidad de rectificar. También me han dicho que si vuelve a la carga se retoma el proceso tal y como lo hemos dejado". Si se le pregunta si espera rehacer su vida, todavía desconfía: "Pasas por una humillación muy grande, es un golpe que es más fuerte que los puñetazos, por eso creo que me costará volver a confiar y volverme a enamorar".

Una y otra, María y Luisa, han pasado por el mismo mal trago en diferentes circunstancias y las dos están de acuerdo en que no hay un modelo de mujer tipo para ser maltratada. "A mí me da igual ser gitana. Estoy orgullosa de serlo, pero antes que gitana, soy mujer, y por encima de eso está todavía que soy persona". "A quien me hubiera dicho a mí con 20 años que estaría pasando ahora por esto lo hubiera puesto de loco para arriba. Ahora muchos de mis amigos, mis compañeros de carrera, mis vecinos, dudan de la gravedad del maltrato, como si hubiera escalas. Muchos dicen que no encajo en el perfil".

Hoy se celebra el Día Mundial contra la Violencia de Género y las dos lanzan el mismo mensaje: "Hay que salir del círculo porque si te quedas, sales muerta. La fiesta de hoy es la vida".

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