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Cuando la Giralda fue faro

Hace 75 años que una aeronave salió de Camagüey rumbo a Sevilla. La travesía supuso el hermanamiento entre España y Cuba

el 14 feb 2011 / 20:24 h.

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La exposición que revive el vuelo Camagüey-Sevilla cuenta con 15 pinturas naif, 20 fotos históricas y dibujos realizados por niños cubanos en los que reviven la travesía atlántica del piloto hispanocubano.

Trasládese por un momento 75 años atrás e imagine un vuelo trasatlántico en una pequeña avioneta de segunda mano, con una cabina descubierta y por delante una travesía que nunca nadie antes la había hecho. Pues bien, éstas fueron las circunstancias a las que se enfrentó un joven pero experto piloto en su empeño de cruzar el océano, concretamente, el Atlántico sur.

Una proeza que logró en tan sólo 18 días el piloto hispanocubano Antonio Menéndez Peláez. En los años treinta el piloto asturiano, que había emigrado a La Habana, soñaba con realizar la que sería la travesía de su vida: cruzar el Pacífico sur desde Camagüey a Sevilla.

Él quería hacer la travesía hacía España en respuesta a los vuelos que años atrás habían realizado sus compatriotas españoles a Sudamérica, y cómo no, también a Camagüey.

Cierre los ojos y visualice a la que se llamó 4 de septiembre, una pequeña aeronave con menos de ocho metros y medio de longitud, una cabina descubierta y una velocidad máxima de alcance de 323 kilómetros por hora. El 12 de enero de 1936 despegó rumbo a España.

Pero lo que se preveía como un viaje más o menos apacible de cuatro etapas, se convirtió en una auténtica odisea de más de un mes y 18 días de vuelo.

Al joven piloto le pasó de todo. Pérdidas de combustible, averías, fuertes lluvias y en su paso por el Sahara sufrió unas tormentas de arena que hicieron peligrar su aterrizaje. Y por si fuera poco, Menéndez Peláez fue detenido a su llegada a Belem (Brasil) porque había olvidado su documentación en la anterior etapa de Puerto España, en la isla de Trinidad. En su periplo hacia Sevilla fue recibido con honores por las autoridades en cada una de las etapas.

Hasta que el 14 de febrero de 1936, tal día como ayer, Menéndez divisó la Giralda. Sí, el minarete más famoso, (se puede decir del mundo entero) hizo la función de faro, como reconocería el propio piloto momentos después, una vez en tierra firme. Así que la Giralda contribuyó al éxito de la travesía.

Finalmente, el 4 de septiembre aterrizó en el aeródromo militar de Tablada. Fue recibido por las autoridades de la ciudad y una gran multitud de sevillanos. Había nacido un héroe. Durante aproximadamente un mes, recibió homenajes por toda España. Le hicieron hijo ilustre de la ciudad de Sevilla; también de manos del presidente de la República, Alcalá Zamora, recibió la cruz de honor y la medalla de la República. Una vez en Cuba, fue ascendido y nombrado director de la escuela aeronáutica cubana. Desgraciadamente, un año después falleció en un accidente aéreo, suceso que fue muy doloroso para el pueblo cubano. Menéndez Peláez pasó a formar parte de la historia de la aeronáutica y su aventura significó el principio del hermanamiento entre Sevilla y La Habana. Así se manifestó en la carta que él mismo entregó al entonces alcalde de Sevilla, Isacio Contreras.

Hasta el próximo viernes, todo el que quiera revivir el viaje lo puede hacer si se acerca al edifico CREA, en San Jerónimo, de 10.00 a 20.00 horas. En la exposición se muestra una serie cronológica de pinturas del viaje Camagüey-Sevilla del pintor naif Gastón Sariol, capitán retirado de la aviación cubana, 20 fotos históricas de la travesía y otros tantos dibujos de niños cubanos que han recreado la hazaña de un piloto que a pesar de los inconvenientes no cedió en su empeño de hacer más pequeña la distancia entre Cuba y España.

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