Cofradías

Cuando la procesión va por dentro

El gentío y los ánimos rotos de la mañana dio paso a una tarde de silenciosas visitas a los titulares

el 02 abr 2012 / 18:45 h.

Dos hermanos de la cofradía del Polígono se consuelan en el interior de la hermandad. Queda algo menos de un año para el próximo Lunes Santo

Un año más, el Lunes Santo volvió a darle la espalda bien temprano al Cautivo del Polígono. A las doce de la mañana -media hora por encima de la hora de salida- caía una tromba de agua en San Pablo. Y al hermano mayor, Miguel Ángel Campos, le tocó sentenciar lo que era evidente. Este año no. Tampoco pudo ser en 2011. Y en 2010 la hermandad pagó su arrojo con el aguacero que le sorprendió en la Cuesta del Rosario. Ayer, una hora después de lo que hubiera sido su salida, la Parroquia de San Ignacio de Loyola tenía sus puertas abiertas de par en par. Y así fue hasta las 21.00 horas, en una jornada de almas ensombrecidas por la tristeza y con el cielo más gris que nadie pudo imaginar para un nefasto Lunes Santo.

En este mar de ilusiones empapadas nadie se quedó sin llorar. Lo decían por la radio y se constataba en el lugar. Lloraron los nazarenos, lloró el hermano mayor, lloraron los costaleros y hasta la banda del Cristo de las Tres Caídas. Porque en hermandades como El Polígono -como popularmente se la conoce- la franqueza y sencillez con la que se toman las decisiones cala definitivamente en el barrio que la espera. Un barrio que durante buena parte de la mañana abarrotó el templo en lo que pareció casi una jornada de vísperas. Pasado el trance, la pena dio paso a la serena comprensión de la evidencia. Y aunque esta era huidiza -por unas horas lució un tímido sol- ayer todos los parroquianos metidos a meteorólogos sabían que su decisión había sido sabia.

Por eso, a falta de procesión, esta se vivió por los adentros. Por los adentros y por las afueras. Los bares de la zona, las calles, los aledaños de la iglesia, en fin, casi confundían. Había pasos, sí, pero dentro del templo.

"Luego después de comer esto se quedará más tranquilo", aseguraba Sofía Benito, vecina de la zona del Greco que de pie ante Nuestra Señora del Rosario Doloroso pedía "a todos los ángeles del cielo" que en 2013 les regalara un Lunes Santo cogido de la mano de un sol radiante.

Los hermanos más diminutos del Polígono tardaron mucho en abandonar la parroquia. "Se respira alegría, aquí somos así, para lo bueno y para lo malo", decía Javier, de 88 años, y fiel devoto de esta hermandad. Sin embargo, a primera hora de la tarde, con el encadenado de noticias que hablaban de agua aquí y allá, con casi ninguna cofradía en la calle y con dos -La Redención, San Gonzalo- buscando el lugar más cercano donde guarecerse, todo adquirió contornos dramáticos.

El recuerdo de la procesión frustrada y la tormenta sobre San Pablo no animó a muchos fieles a acercarse por San Ignacio de Loyola. Las imágenes nunca estuvieron solas pero en el interior y en el exterior todo tenía un cierto aire de velatorio. Terrazas despejadas de clientes, adoquinado empapado y los pocos balcones que quedaban engalanados regalando goterones. ¿Lunes Santo? No lo parecía. "Y no sólo porque llueve, es el ambiente. A mí lo que me dan ganas es de acostarme ya y confiar en que mañana pueda salir San Benito", contaba Ana Dueñas mientras que apuraba una tila en la esquinita con la calle Betania.

En la mente de muchos de los hermanos del Polígono una fecha: 26 de marzo de 2013. La frase hecha dicta que queda menos de un año. Es una verdad incontestable. Pero viendo lo mal que se porta el cielo con esta joven hermandad mal harían en hacer cábalas. Que pase pronto. Y que todos los que ayer lloraban y se consolaban, regresen aquí para vivir un día de júbilo.

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