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Cuando las propias exigencias pesan más que la realidad

Si hay un equipo que suele ser víctima de su propia exigencia, ése es el Atlético de Madrid. Sigue vivo en la máxima competición continental tras doce años de ausencia e inmerso en la pelea por volver a disputarla, pero de poco le sirve.

el 15 sep 2009 / 22:58 h.

Si hay un equipo que suele ser víctima de su propia exigencia, ése es el Atlético de Madrid. Sigue vivo en la máxima competición continental tras doce años de ausencia e inmerso en la pelea por volver a disputarla, pero de poco le sirve. Y si no, que le pregunten a Javier Aguirre.

El mexicano vio rodar su cabeza hace sólo unos días, cuando el club y su afición se cansaron de desperdiciar ocasiones de meterse en los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones. Y es que, tras perder en casa ante el Valladolid (1-2), el vaso de la paciencia quedó más que colmado y las ratificaciones del técnico por parte de Enrique Cerezo pasaron al bául de los recuerdos.

Desde luego, la racha que llevaba el equipo era preocupante: dos puntos sumados de quince posibles tras los empates a domicilio en Almería y Málaga, lo cual había descolgado a los colchoneros del objetivo, a cinco puntos del cuarto clasificado, el Valencia, y a seis del tercero, el Sevilla. Pero no es menos cierto que antes de ese bache el equipo de Aguirre había sido capaz de mantenerse invicto nueve jornadas consecutivas, con 21 de 27 puntos sumados en un estado de gracia que no podía durar siempre. Pero el fútbol vive del hoy, nadie recuerda el ayer.

Y el presente rojiblanco tiene un nombre, el de Abel Resino, que regresó al club de su vida para hacerse cargo del equipo por vez primera como técnico titular (ya había sido ayudante de César Ferrando en la 2003/04), después de tres experiencias en conjuntos de menor fuste: el Ciudad de Murcia, al que dejó a un paso del ascenso a la máxima categoría; el Levante, al que mantuvo de forma muy digna en la campaña de su debut en Primera (06/07) antes de ser destituido en el inicio de la siguiente campaña, con un triste bagaje de un punto sobre 24 posibles; y el Castellón, en el que purgaba sus pecados antes de que el Atleti le rescatara para enderezar la nave que perdía el rumbo con Aguirre.

Y haciendo bueno el dicho, el toledano de 49 años se estrenó a lo grande (0-3 en Huelva), si bien la semana pasada los colchoneros no pasaron del empate en casa (1-1) ante el Getafe. En suma, el Atlético de Abel aún no conoce la derrota y se presenta en Sevilla dispuesto a pujar fuerte por la Champions, para lo cual tratará de hacer valer su demostrada eficacia a domicilio, ya que sólo ha perdido en una de sus últimas nueve salidas, y eso es mérito también de Aguirre, claro. Abel inicia en el Pizjuán sus exámenes de selectividad: luego le testan Barça, Madrid y Villarreal... además del Oporto en Europa.

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