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"Cuando recibes tanto, hay que luchar por ello"

Con 36 años, Magdalena, casada y con hija, sale adelante tras un trasplante de hígado

el 31 oct 2010 / 19:11 h.

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  • Habla por los codos y ríe sin parar. Dice que sus ojos verdes llegaron a ser fluorescentes en uno de los peores momentos de su enfermedad. Cualquiera lo diría. Se levanta la camiseta y enseña su “arañón”, como su hija llama a su cicatriz, para demostrarlo. Magdalena Lozano, natural de Gerena, es trasplantada de hígado y, a sus 36 años, la vida y ella se sonríen mutuamente sin parar.


    Con tan sólo 20 años y tras muchos análisis a sus espaldas, le detectaron cirrosis biliar primaria, una enfermedad crónica de tipo autoinmune, cuyas causas son desconocidas y que provoca inflamación del hígado y la disminución de eliminación de la bilis. Un caso extraño para alguien de su edad. Con medicación y cuidados, pudo casarse y tener a su hija. Lo peor vino después del parto. “Desde que ella tuvo uso de razón, yo siempre estaba en la cama, amarilla”, asevera. La enfermedad le provocaba “cansancio, depresión y tristeza” ya que su propio cuerpo rechazaba su hígado. Tras cinco meses en pretrasplantes, llegó a lista de espera para un nuevo órgano. “Nadie sabe lo que es estar cinco meses y medio esperando a que suene el teléfono diciéndote que tienen tu hígado y sabiendo que tienes los días contados”, relata.


    Con 33 años, en 2008, llegó el primer trasplante, pero también el primer rechazo, seguido de seis meses de hospitalización, tres de ellos viviendo sin hígado. “Perdí el pelo y me quedé en 43 kilos por toda la medicación”, narra con crudeza. Pero la vida tenía reservada una segunda oportunidad para ella, bajo la forma de otro hígado. “Mi cuerpo lo volvió a rechazar, pero estaba ya tan apaleado de la medicación que aguantó”, explica.


    Ella ahora quiere hacer de todo: “Cuando estás enferma te crees que vivir es así, ahora veo lo que me he perdido”. Puede decirse de ella que es de las que se apunta “a un bombardeo”, desde a la cabalgata de Reyes Magos de Gerena hasta a organizar un desfile de moda flamenca para difundir las bondades del trasplante, ya que ella es “el mejor ejemplo de que se puede volver a vivir”. Su principal objetivo ahora es concienciar de la importancia de donar órganos. Está inmersa en la causa y trata de organizar cuanto puede para informar a los vecinos de su municipio. Por ello acude a los colegios e institutos y organiza todo tipo de concursos relacionados con la donación de órganos. Lo próximo que tiene en mente es un concierto de piano, ofrecido por otro trasplantado del pueblo. “Cuando recibes tanto, te ves en la obligación de seguir trabajando por esa causa”, admite. “Los órganos no se pueden fabricar y sólo nos lo podemos dar de unos a otros”.

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