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Cuando ruge el cielo

el 24 abr 2011 / 20:13 h.

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Si antes de leer este artículo no sabía de la existencia de los cazatormentas estamos seguros que, de haberlos conocido, esta Semana Santa muchos hubieran sido los que los habrían buscado hasta debajo de las piedras. Sin embargo su poder es bastante menor que el de los cazafantasmas y su tarea mucho más realista. Además, todos los miembros de la Asociación de Cazatormentas y Aficionados a la Meteorología (Acamet... ahí es nada) juran no haber tenido que ver con lo sucedido días atrás y añaden, para general conocimiento, que no podían haber hecho nada para remediar el fiasco de la Madrugá y... las otras jornadas.

Si fuéramos con apriorismos podría pensarse que eso de cazatormentas es cosa de gallegos y demás norteños. Que para algo tienen la Costa da Morte. Pero aquí, entre Chipiona, Almuñécar y Roquetas de Mar. ¿Qué van a cazar? Nuestro interlocutor y experto en llevarse los relámpagos y centellas a casa es Pedro Fernández: "Las zonas más proclives en Andalucía a verse sacudidas por tormentas violentas varían en función de la época del año: la zona occidental y la costa en invierno, en otoño y primavera cualquier lugar es bueno, y en verano prácticamente sólo en zonas interiores".

Eso sí, si usted quiere colgarse todos los galones habidos y por haber ha de saber que las medallas de oro se reparten en Teruel.Si a estas alturas y después de tantos renglones no sabe de qué va la historia, tome nota. Mezcle aventura, ciencia y pasión por la fotografía y, agitándolo convenientemente, saldrá el perfecto cazatormentas. "Todos los que vivimos esto con fervor experimentamos cambios en nuestra relación de amor por estos fenómenos", explica.

"La práctica que exige más paciencia es la fotografía de rayos en la noche; hay muchas veces que estás apuntando con tu cámara hacia una parte de la tormenta, cuando el mejor rayo salta por otro lugar fuera del encuadre", explica.Pero no todo queda en un "¡cachis!" también hay ocasiones en las que un cazatormentas ve pasar por delante su vida en cuestión de segundos. "15 de julio de 2007, en pleno pico Mulhacén en Sierra Nevada; varios excursionistas nos vimos atrapado en una tormenta.

Debido a su electricidad estática comenzamos a sufrir descargas eléctricas al tocarnos entre nosotros, o incluso al caminar por la roca. Estos síntomas son muy peligrosos, indican que la caída de un rayo en la zona es inminente. Así fue, segundos después cayó un rayo al lado, sentimos un terror descomunal", cuenta Pedro Fernández con una mezcla de pavor y devoción que equilibran la balanza.El cine ha hecho mucho por alimentar la afición y, bien es cierto, que usted, que ahora mismo lee esto en su adosado de Tomares o en su apartamento de Sevilla Este, andará pensando que mucho más allá de una tormenta no va a poder cazar con la cámara de su móvil en la azotea.

Si encima lo que le verdad le motiva son los tornados, los vendavales, las lluvias torrenciales y los granizos como meteoritos, tiene dos opciones, o traslada su domicilio habitual a Oklahoma, o se sienta ante su ordenador y se dispone a seguir lo que el cielo depara mediante las numerosas webs que, en directo, registran estos impactantes fenómenos.Recapitulando.

Si le interesa más lo que pasa allá arriba que lo que sucede aquí abajo y si no le tiene miedo a hablarle de tu a los rayos, a las riadas súbitas y al pedrisco sólo le queda hacerse con el equipo mínimo necesario que Pedro Fernández cifra en "una cámara réflex digital y un trípode estable". Y si la cartera le acompaña súmele un gran angular, teleobjetivo, cable disparador y ordenador portátil para poder seguir las imágenes de los satélites meteorológicos".

No es anecdótico que busque secuaces para su nueva manera de pasar el rato. "Estar en un campo abierto, como una playa, de pie durante una tormenta es una completa temeridad. Pero es lo que hay si queremos hacernos con buenos especímenes" (léase fotografías), dice Fernández. Así que al menos si son dos o tres los congregados, el rayo puede elegir a quien fulminar primero. Y los otros, mientras, correr.

Cuando se les pregunta qué les mueve a, en ocasiones, recorrer muchos kilómetros para encontrarse frente a frente con la tormenta, Fernández reconoce que buena parte de la culpa la tuvo en su día la película Twister, aquella palomitada ‘made in Hollywood' que seguía las peripecias de unos cazatornados:"Marcó un hito en nuestras vidas, hasta entonces no había afición en España. Fue increíble saber que había personas que se dedicaban a esto. Si no la he visto 30 veces no la he visto ninguna", reconoce mientras mira de reojo la gastada carátula del dvd.

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