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Cuando se brama por celos

el 01 oct 2011 / 19:10 h.

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El potente ronquido del ciervo es la llamada a la hembra, un piropo salvaje y atractivo. Cuando se cruzan los machos, puede producirse el duelo, si ninguno huye antes.

Esta crónica bien pudiera considerarse la hoja de un cuaderno de campo. Estamos en los límites del Parque Natural de la Sierra Norte, incluido recientemente en la red mundial de Geoparques de la Unesco. Nos adentramos en la finca pública Las Navas-Berrocal, en el término municipal de Almadén de la Plata, un hermoso bosque mediterráneo con cerca de 9.000 hectáreas en las faldas de Sierra Morena. No muy lejos de la carretera, los primeros ecos ya atraviesan el alcornocal.

La berrea suele comenzar en la segunda quincena de septiembre y puede prolongarse mes y medio, incluso más. La peculiar sinfonía se escucha por un lado y otro. Las réplicas surgen de cada rincón del campo. El amanecer y el atardecer son los dos momentos del día más agitados. Los animales están en la "mancha", la parte más inaccesible del monte, emboscados entre lentisco, jara y coscojas, pero la luz parece remover sus instintos. El celo provoca que este animal, huidizo y esquivo por naturaleza (miedo cerval), se exhiba en los claros del bosque.Observamos las primeras marcas. Vemos el tronco raspado de una encina, el árbol muestra la leña carnosa del interior.

Los ciervos se limpian las fundas de la encornadura, restriegan su cabeza en los árboles. A quinientos metros, un joven macho corretea monte adentro con un harén de cuatro ciervas. Aceleran el paso, les siguen dos cervatillos. Únicamente en la época de reproducción, los machos se acercan a las hembras; son más vulnerables, se exponen. Si lloviese, se reavivaría el celo del animalBordeamos uno de los pantanos de la finca. Un retén del dispositivo contra incendios del Infoca realiza los ejercicios de mantenimiento.

El profesor se come un bocadillo, mientras un joven pasa a su lado, coge un testigo y sigue corriendo. Pocos ciervos por aquí, demasiados hombres. El bramido característico, pese a todo, sigue atravesando estos callados montes que, a comienzos del otoño, parecen mugir por sí mismo. El galante cortejo de estos animales consiste, fundamentalmente, en gritar mucho. La vehemencia de algunos bramidos es sorprendente.

El potente ronquido es la llamada a la hembra, un piropo salvaje y atractivo. Cuando se cruzan los machos, puede producirse el duelo, si ninguno de los dos huye antes. En estas circunstancias, quedan solteros los ciervos más jóvenes e inexpertos, varetos, que deambulan solitarios incluso en estos momentos de unión, tentando a la suerte y al descuido de oponentes más fuertes. El tiempo de gestación de las ciervas dura ocho meses. Suelen parir un cervatillo, dos en casos excepcionales. El parto llegará en primavera.

Caminamos en dirección a la Olla de los lobos, un pequeño y profundo valle tras un inaccesible aprisco. Un buitre negro cruza planeando el cielo. Nos aproximamos a la finca privada El Pimpollar, que marca la línea divisoria entre los términos de Castilblanco de los Arroyos y Almadén de la Plata. Frente a Risco Blanco, un cerro escarpado, suben la loma un ciervo joven y dos hembras. No berrea el macho, su voz estentórea e imponente se iguala ahora al discreto silencio de la hembra. El vientre del macho está mojado. Mean a menudo, marcan el territorio con más ahínco durante estos días. El salvaje ritual de apareamiento puede provocar la muerte de los ciervos, que dejan de alimentarse y se entregan a numerosas peleas con otros pretendientes. Un agente de medio ambiente apunta que, años atrás, encontraron dos cráneos frente a frente, con las cornamentas enlazadas. Murieron por agotamiento, incapaces de desenlazar sus puntas.

Hoy no hemos escuchado el choque metálico de las cornamentas, no hemos asistido a ningún combate. No reverbera el chasquido incendiario.Dejamos atrás unas viejas vaquerizas. Hemos cruzado la ruta que sigue el camino de Santiago, la tercera etapa desde Sevilla. Volvemos por el carril que conduce hasta las instalaciones principales del parque, donde se encuentran las oficinas de los agentes de medio ambiente de la Junta de Andalucía y los vehículos del Infoca. Continúan las variaciones de esta sinfonía estruendosa cuando cae el sol.

Los ronquidos hondos en el campo se convierten en versos de expresivo lirismo en la mística española: "¿Adónde te escondiste,/ Amado, y me dejaste con gemido?/ Como el ciervo huiste,/ habiéndome herido;/ salí tras ti clamando, y eras ido." Así se lamentaba la esposa al comienzo del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Termina una extensa jornada en la sierra. La entrada para la berrea es gratis. Esto no es un circo, tal vez tampoco sea un espectáculo. Hay que pagar, sin embargo, un precio muy barato: respeto al campo, a las plantas y a los animales. Se puede pasar a pie o en bicicleta.

DE UTILIDAD

En el Parque Natural de la Sierra Norte se organiza hasta el final de la berrea excursiones nocturnas. El lugar de partida es el Cortijo del Berrocal (Almadén de la Plata) y hay que pagar unos 10 euros (no se incluye alojamiento ni avituallamiento). El correo electrónico de contacto es conce@almanatura.es. 

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